Deepfakes y bots: la inteligencia artificial transforma la campaña electoral en Israel

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A pocos días de las elecciones del 27 de octubre, los partidos israelíes recurren a videos manipulados, llamadas automatizadas y cuentas sospechosas para disputar la atención de los votantes. Investigadores advierten que la inteligencia artificial amplía las posibilidades de propaganda y pone a prueba los mecanismos de transparencia electoral.

La campaña electoral de Israel se convirtió en un laboratorio político para la inteligencia artificial. A medida que se acerca la votación del 27 de octubre, los partidos utilizan videos generados artificialmente, sistemas automatizados de llamadas y redes de cuentas que amplifican mensajes políticos. La tecnología ya no funciona solamente como una herramienta para difundir propuestas: también permite fabricar escenas, provocar controversias y multiplicar contenidos diseñados para influir en la conversación pública.

Uno de los episodios más comentados fue un video de 19 segundos publicado en la cuenta de X del primer ministro Benjamin Netanyahu. En la secuencia, su rival Gadi Eisenkot aparece corriendo por un campo hacia una persona que recuerda a su hijo, fallecido en 2023 durante la guerra entre Israel y Hamás. Sin embargo, en lugar de abrazarla, termina junto al dirigente árabe Mansour Abbas, líder del partido Ra’am. El contenido, generado mediante inteligencia artificial, acumuló más de un millón de visualizaciones y despertó críticas por su aparente intención de explotar los prejuicios contra la población árabe.

El episodio refleja una transformación profunda de la propaganda política. Una imagen o un video que antes requería una producción compleja ahora puede crearse con herramientas accesibles y difundirse en cuestión de minutos. El resultado puede parecer verosímil, aunque represente una escena que nunca ocurrió. En una campaña marcada por la polarización, la capacidad de generar indignación o confusión puede resultar tan importante como la presentación de un programa electoral.

Investigadores del proyecto Ze Be AI, de la Universidad Abierta de Israel, analizaron las publicaciones de los políticos en redes sociales desde fines de julio. Para mediados de octubre habían recopilado más de 44.000 publicaciones en Facebook, Instagram, X y TikTok. Más del 14 % del material examinado utilizaba inteligencia artificial de alguna manera, desde imágenes, música y subtítulos hasta videos completamente generados o manipulados.

Según ese seguimiento, el Likud, el partido de Netanyahu, encabezaba el uso de contenidos con inteligencia artificial en términos absolutos, con más de 1.800 publicaciones identificadas hasta mediados de octubre. Detrás aparecían otras formaciones, entre ellas Los Demócratas y el partido Yashar, de Eisenkot. Las cifras describen el volumen de material detectado por el proyecto y no permiten, por sí solas, determinar el efecto de cada publicación sobre las decisiones de los votantes.

La utilización de estas herramientas no se limita a un solo sector político. El dirigente Yair Golan, líder de Los Demócratas, difundió un video que aprovecha una tendencia viral para mostrarlo cambiando de vestimenta con cada giro de un ventilador. En otras publicaciones, el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, compartió imágenes generadas por inteligencia artificial en las que la fiscal general y jueces del Tribunal Supremo aparecían detenidos durante una protesta contra el Gobierno. El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, también difundió un video artificial sobre palestinos que provocó fuertes críticas internacionales.

La circulación de estas piezas revela que la inteligencia artificial puede utilizarse para presentar a adversarios políticos en situaciones ficticias, reforzar mensajes ideológicos o convertir conflictos institucionales en escenas de alto impacto emocional. Aunque algunos contenidos incluyen etiquetas que advierten sobre su origen artificial, esa identificación no siempre resulta evidente cuando el material se recorta, se descarga o vuelve a circular en otras plataformas.

Israel introdujo en julio una nueva norma que obliga a identificar los contenidos electorales generados o manipulados mediante inteligencia artificial. La autoridad electoral también ordenó retirar un video de Smotrich que consideró engañoso por no estar correctamente etiquetado. Sin embargo, el marco regulatorio sigue siendo limitado frente a la velocidad con que aparecen nuevas aplicaciones y formas de difusión.

Los investigadores señalan que el país carece de un marco integral equivalente a algunas de las regulaciones digitales europeas y que su legislación sobre privacidad necesita una actualización. Esa situación abre interrogantes sobre la responsabilidad de los partidos, las plataformas y los proveedores tecnológicos cuando el contenido artificial se utiliza para confundir al electorado o vulnerar derechos.

El fenómeno también se trasladó a las llamadas telefónicas. Algunos ciudadanos recibieron comunicaciones automatizadas en las que una voz artificial se presentaba como encuestadora y formulaba preguntas sobre sus preferencias políticas. En una grabación compartida con periodistas, el sistema reconoció que no había una persona real al otro lado de la línea, pero continuó preguntando por la intención de voto. No quedó claro quién había encargado esa llamada ni si formaba parte de una campaña electoral.

La diferencia respecto de los antiguos mensajes grabados es significativa. Los sistemas conversacionales pueden responder preguntas y mantener intercambios que se parecen a una conversación humana. Esto reduce el costo de contactar a grandes cantidades de personas y dificulta que los destinatarios identifiquen desde el primer momento si están hablando con una persona, una encuesta legítima o una operación de influencia.

A esa estrategia se suman las cuentas falsas o coordinadas en redes sociales. La empresa israelí Scooper detectó un crecimiento de perfiles que seguían y compartían publicaciones de Netanyahu. Según su análisis, más de mil cuentas nuevas aparecían diariamente en X y muchas mostraban patrones compatibles con actividad automatizada, como publicaciones constantes, creación reciente y ausencia de fotografías de perfil. La compañía estimó que alrededor del 70 % de las cuentas que compartían publicaciones del primer ministro procedían de fuera de Israel.

Por separado, la organización de vigilancia digital FakeReporter identificó una red de más de cien cuentas vinculadas, según su investigación, a una campaña relacionada con Ben-Gvir. La oficina del ministro negó esa vinculación. Estos hallazgos deben interpretarse con cautela: los patrones de actividad pueden ayudar a detectar redes sospechosas, pero establecer quién las controla y con qué propósito requiere evidencia adicional.

La influencia de la inteligencia artificial también puede operar de una manera menos visible. Algunos votantes recurren a chatbots para informarse sobre los candidatos y comparar posiciones. En ese contexto, cobra importancia la práctica conocida como optimización para motores generativos, que consiste en publicar contenidos diseñados para que los sistemas de inteligencia artificial los recuperen y los incorporen a sus respuestas.

Según documentos citados en la cobertura del tema, el Gobierno israelí contrató a una empresa estadounidense para desarrollar sitios web destinados a influir en la información que reciben los modelos de lenguaje, favoreciendo contenidos alineados con su posición. La posibilidad de intervenir en las fuentes que utilizan estas herramientas amplía el debate sobre la transparencia de la información política en entornos digitales.

El riesgo no consiste únicamente en que un votante vea un video falso. También puede aparecer cuando recibe una explicación parcial, una respuesta sesgada o una sucesión de mensajes que le hace creer que una determinada posición tiene más respaldo del que realmente posee. La manipulación puede afectar tanto la percepción de los candidatos como la confianza en las instituciones que organizan las elecciones.

La experiencia israelí plantea una discusión que trasciende sus fronteras. La inteligencia artificial puede facilitar el acceso a información y ayudar a los partidos a comunicarse con la ciudadanía, pero también reduce las barreras para producir propaganda a gran escala. En un entorno donde las imágenes y las voces pueden fabricarse con creciente realismo, verificar la autenticidad se vuelve una tarea cada vez más exigente.

La respuesta requiere normas claras, transparencia sobre el origen de los contenidos, mecanismos de denuncia y una mayor responsabilidad de las plataformas. También exige que los ciudadanos puedan contrastar las afirmaciones con fuentes confiables, especialmente cuando una publicación busca provocar una reacción inmediata.

A pocos días de la votación, Israel enfrenta una prueba que combina tecnología, democracia y confianza pública. La inteligencia artificial no determina por sí sola el resultado electoral, pero está modificando las condiciones en las que se forman las opiniones. El desafío consiste en impedir que la capacidad de fabricar realidades digitales termine debilitando la posibilidad de debatir sobre hechos verificables y tomar decisiones políticas con información suficiente.