El EPAS destinará más de $2.099 millones a tres intervenciones en el Acueducto Barreales, una obra clave para el abastecimiento de Cutral Co y Plaza Huincul. La inversión apunta a renovar equipos, mejorar la seguridad eléctrica y modernizar los sistemas de control después de una falla que en febrero afectó durante varios días la producción de agua potable.
Hay obras que no cambian el paisaje de una ciudad ni aparecen en una fotografía de inauguración. Están bajo tierra, detrás de una sala de máquinas o en una pantalla de control. Pero cuando funcionan mal, toda una comunidad lo siente. En la Comarca Petrolera, el agua potable depende de una infraestructura de ese tipo y el EPAS acaba de profundizar un plan de inversiones para reducir los riesgos del sistema.
El Ente Provincial de Agua y Saneamiento destinará $2.099.266.738,69 a tres intervenciones prioritarias sobre el Sistema Acueducto Barreales. El financiamiento fue autorizado por el Comité de Emergencia Hídrica, Social y Productiva y estará destinado a equipamiento mecánico, protección eléctrica y automatización.
El dato permite dimensionar la importancia del acueducto: Barreales aporta cerca del 30% del agua potable que reciben Cutral Co y Plaza Huincul. En una región atravesada por el crecimiento de la actividad hidrocarburífera y por una demanda creciente de servicios, garantizar que esa infraestructura pueda trabajar de manera continua se convierte en una cuestión central de planificación territorial.
La inversión más grande, de poco más de $1.829 millones, estará destinada a incorporar variadores de frecuencia para las estaciones de bombeo EB1 y EB2. El equipamiento permitirá renovar parte del sistema luego de la falla registrada a comienzos de febrero, que durante varios días afectó la producción de agua potable en la comarca.
A esa intervención se sumarán otros $181 millones para readecuar el sistema SCADA de Barreales, encargado de supervisar y controlar distintos componentes del acueducto. La actualización incluye nuevos tableros, programación, pruebas y puesta en funcionamiento, con el objetivo de mejorar la capacidad de detectar problemas y reducir los riesgos operativos.
La tercera intervención estará concentrada en la protección eléctrica de la línea que abastece a la Estación de Bombeo N°2. Con una inversión cercana a los $89 millones, se incorporarán reconectadores automáticos y transformadores de tensión para reforzar la seguridad del suministro eléctrico que sostiene el funcionamiento de las bombas.
El plan tiene además un trasfondo que excede la reparación puntual. Después del episodio de febrero, el EPAS comenzó a reforzar el sistema con componentes críticos propios para reducir los tiempos de respuesta frente a futuras contingencias. La lógica es sencilla pero decisiva: en un servicio que no puede detenerse, esperar a que llegue una pieza cuando ocurre una falla puede significar demasiado tiempo.
La estrategia se apoya también en una gestión compartida con Cutral Co y Plaza Huincul. Desde el convenio firmado en septiembre de 2025, la Provincia y los municipios avanzan con un esquema de responsabilidades e inversiones conjuntas para el agua y el saneamiento. Los municipios comenzaron a afrontar la mitad del costo mensual de captar, potabilizar y bombear el recurso desde distancias de entre 40 y 60 kilómetros, un gasto que ronda los $1.000 millones mensuales entre energía, personal y mantenimiento.
Ese modelo ya permitió incorporar un nuevo equipo de bombeo en el Sistema Buena Esperanza, principal fuente de abastecimiento de la comarca, que aporta alrededor del 70% del agua potable. El nuevo equipamiento funciona como respaldo ante contingencias y permitió atender una necesidad que, de acuerdo con la información oficial, llevaba dos décadas pendiente.
La discusión sobre el agua adquiere otra dimensión cuando se mira el crecimiento de Neuquén. Vaca Muerta trae inversiones, empleo y población, pero ese movimiento también exige infraestructura capaz de acompañarlo. No alcanza con perforar, producir y transportar hidrocarburos: las ciudades necesitan agua, cloacas, energía, rutas, escuelas y servicios que sostengan la vida cotidiana alrededor de esa expansión.
Por eso, el desafío de la Comarca Petrolera no es solamente reparar una bomba o modernizar un tablero. Es construir un sistema capaz de anticiparse a las próximas décadas. El petróleo puede acelerar la economía, pero es el agua la que determina, en última instancia, si ese crecimiento puede convertirse en una vida urbana sostenible.
En esa infraestructura silenciosa se juega una parte importante del futuro neuquino. Cada equipo que funciona, cada sistema de control que detecta una falla a tiempo y cada inversión que evita que una emergencia se convierta en una crisis representa algo mucho más concreto que una cifra presupuestaria: la posibilidad de abrir una canilla y encontrar allí la certeza más básica de todas, que el agua sigue llegando.