Andriy Portnov, el expolítico ucraniano asesinado frente a una escuela en Madrid

En este momento estás viendo Andriy Portnov, el expolítico ucraniano asesinado frente a una escuela en Madrid
  • Categoría de la entrada:Actualidad / Mundo
  • Tiempo de lectura:3 minutos de lectura

El asesinato de un operador del antiguo régimen prorruso reaviva las tensiones políticas en Europa del Este, con ecos de espionaje, ajuste de cuentas y guerra híbrida.

Este martes, en pleno barrio de Salamanca en Madrid, fue asesinado a tiros Andriy Portnov, un exfuncionario ucraniano con fuerte vinculación al gobierno de Víktor Yanukóvich, depuesto en 2014 tras las protestas del Euromaidán. Portnov salía del colegio de sus hijos cuando fue atacado por un tirador que huyó en moto. El crimen ocurrió a plena luz del día, frente a testigos, cámaras y una capital europea aún atónita.

Portnov no era un personaje menor. Había sido vicejefe de Gabinete de Yanukóvich y responsable de reformar el sistema judicial durante su mandato, aunque su rol fue, según múltiples analistas, el de operador político de las políticas prorrusas dentro de Ucrania. Tras la caída del régimen y la anexión de Crimea por parte de Rusia, se exilió, primero en Moscú y luego en varios países europeos, antes de establecerse en España hace tres años.

Las primeras hipótesis barajan un ajuste de cuentas vinculado a sus relaciones con la inteligencia rusa y con sectores aún activos del aparato de seguridad ucraniano, hoy alineados con el gobierno de Zelenski. Desde Kiev, se despegaron rápidamente del hecho, pero no tardaron en circular versiones sobre la posibilidad de que Portnov siguiera operando en la sombra en favor de los intereses del Kremlin.

Para las autoridades españolas, el hecho representa un desafío diplomático y judicial de alto voltaje. No solo por el perfil de la víctima —cuya residencia en Madrid era conocida por organismos internacionales—, sino por el mensaje que este tipo de asesinatos mafiosos transmite: Europa ya no es un refugio seguro para los operadores de las guerras del Este.

En medios rusos, el asesinato fue presentado como un crimen político. Algunos incluso señalaron, sin pruebas, a “agentes occidentales” como responsables. En cambio, en medios ucranianos más cercanos al oficialismo, Portnov es descripto como un traidor, un “enemigo del pueblo” y un símbolo del viejo régimen.

El crimen recuerda otros casos similares, como el del exespía ruso Aleksandr Litvinenko, envenenado en Londres en 2006, o el intento de asesinato de Serguéi Skripal en 2018. Todos ellos forman parte de un tablero geopolítico donde las muertes tienen firma, aunque nadie la reconozca.

Madrid amaneció blindada, la escuela suspendió sus clases y la diplomacia europea prende luces rojas. Cuando las guerras frías se calientan, los cadáveres cruzan fronteras.