Bessent vuelve a chocar con el mercado y crecen las dudas sobre la deuda de Estados Unidos

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El secretario del Tesoro intentó contener nuevamente el costo de financiamiento estadounidense mediante una fuerte recompra de bonos, pero los inversores reaccionaron con cautela y las tasas de largo plazo volvieron a subir.

Scott Bessent volvió a encontrarse con un mercado que no parece dispuesto a seguirle el ritmo. El secretario del Tesoro de Estados Unidos anunció una nueva ampliación de las recompras de deuda pública con la expectativa de aliviar la presión sobre las tasas de largo plazo, pero la respuesta de los inversores fue negativa.

El Tesoro llevará la operación hasta los 6.000 millones de dólares en bonos con vencimientos de entre 10 y 20 años, una cifra muy superior a las recompras habituales. La apuesta busca mejorar la liquidez del mercado y reducir las tensiones sobre el costo de financiamiento del Gobierno estadounidense.

El problema es que el mercado esperaba una intervención todavía más contundente. Después del anuncio, los rendimientos de los bonos volvieron a avanzar y el título a diez años llegó a niveles cercanos al 4,85%, mientras que el bono a 30 años se ubicó alrededor del 5,2%, máximos que reflejan una creciente preocupación por el rumbo de las cuentas públicas.

Para Bessent, las recompras no tienen como objetivo fijar artificialmente el precio de los bonos, sino evitar movimientos desordenados y facilitar el funcionamiento del mercado. Pero, por tercera vez, la estrategia no consiguió producir un alivio duradero. El mercado bajó las tasas durante algunos días y luego volvió a llevarlas hacia arriba.

Detrás de esa desconfianza aparece un problema mucho más grande que una operación puntual del Tesoro: Estados Unidos acumula una deuda pública cercana a los 40 billones de dólares y mantiene déficits fiscales elevados. A eso se suman una inflación que todavía genera preocupación y un escenario internacional marcado por la inestabilidad.

La presión también llega desde el mercado privado. Grandes empresas tecnológicas están recurriendo cada vez más a la emisión de deuda para financiar sus enormes inversiones, especialmente vinculadas al desarrollo de infraestructura para inteligencia artificial. Esa competencia por el dinero disponible puede mantener elevados los rendimientos de los bonos incluso cuando el Gobierno intenta reducirlos.

En este contexto comenzaron a aparecer advertencias sobre un eventual default estadounidense. Se trata, por ahora, de un escenario de riesgo planteado por algunos analistas y medios, no de una situación concreta de incumplimiento de la deuda. Estados Unidos conserva una enorme capacidad financiera, pero el debate revela hasta qué punto la sostenibilidad fiscal empezó a ocupar un lugar central en las preocupaciones de los mercados.

El propio mercado está enviando una señal incómoda para la administración de Donald Trump: bajar las tasas de largo plazo no depende solamente de una decisión política. Los inversores también deben creer que la trayectoria de deuda, déficit e inflación es sostenible. Cuando esa confianza se debilita, el costo del dinero aumenta aunque el Gobierno intente intervenir.

La contradicción es cada vez más evidente. Mientras Trump presiona para conseguir tasas más bajas que impulsen la economía, el Tesoro necesita convencer a los compradores de bonos de que Estados Unidos continúa siendo un refugio financiero confiable. Por ahora, Bessent puede comprar más deuda, pero no puede comprar la confianza que el mercado todavía no termina de concederle.