Centenario se convirtió en aula abierta para formar líderes ambientales

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La ciudad fue sede de una jornada provincial de formación ambiental que reunió a jóvenes, docentes y referentes comunitarios. El proyecto busca fortalecer la participación ciudadana y construir nuevas miradas sobre sostenibilidad en Neuquén.

Centenario se transformó por un día en una gran aula al aire libre.

Pero no para hablar solamente de reciclaje o cambio climático.

También para discutir qué tipo de comunidad quiere construir Neuquén frente a los desafíos ambientales que atraviesan la provincia y el mundo.

La ciudad recibió una nueva jornada de formación impulsada por el programa provincial de líderes ambientales, una iniciativa que reúne a jóvenes, estudiantes, docentes y organizaciones sociales con el objetivo de fortalecer la educación ambiental y la participación comunitaria.

Las actividades incluyeron talleres, recorridos, espacios de debate y propuestas vinculadas al cuidado del ambiente, la gestión de residuos y el desarrollo sostenible.

La apuesta tiene algo más profundo que una capacitación puntual.

Busca formar ciudadanos capaces de intervenir en discusiones que ya atraviesan la vida cotidiana de la provincia: agua, energía, residuos, urbanización y el impacto ambiental de distintos modelos productivos.

En Neuquén, además, la discusión ambiental tiene una dimensión especialmente sensible.

La expansión de Vaca Muerta, el crecimiento urbano acelerado y las tensiones sobre el uso de recursos naturales volvieron cada vez más visible la necesidad de pensar políticas de sostenibilidad a largo plazo.

Por eso el programa apunta especialmente a las nuevas generaciones.

La idea es que escuelas, organizaciones y municipios puedan construir redes de participación ambiental más permanentes y con fuerte anclaje territorial.

La escena también refleja un cambio cultural que empieza a crecer en distintos puntos del país.

La cuestión ambiental dejó de aparecer únicamente como un tema técnico o académico.

Ahora atraviesa barrios, escuelas, movimientos juveniles y debates públicos cada vez más amplios.

Y ahí aparece algo interesante.

Porque mientras buena parte de la política argentina sigue atrapada en la urgencia económica permanente, muchos jóvenes empiezan a discutir preguntas vinculadas al futuro.

Cómo producir.

Cómo crecer.

Cómo habitar el territorio sin destruirlo.

En tiempos donde casi todo parece pensarse a corto plazo, espacios así intentan sostener algo bastante menos inmediato y bastante más difícil.

La idea de que todavía vale la pena formar ciudadanos para cuidar el mundo que viene.