Copahue convierte la educación ambiental en una tarea compartida entre guardaparques y comunidad

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Una actividad realizada durante la Feria de Volcanes, en Caviahue, acercó a vecinos y estudiantes a la historia del Área Natural Protegida Copahue, su biodiversidad y el trabajo cotidiano de conservación. La iniciativa destacó la importancia de combinar el conocimiento científico, la participación comunitaria y el turismo responsable para preservar uno de los territorios naturales más singulares de Neuquén.

Conocer un territorio es también aprender a cuidarlo. Bajo esa premisa, guardaparques de Neuquén participaron de la Feria de Volcanes, realizada el 8 y 9 de octubre en el CPEM 74 de Caviahue, con una propuesta de educación ambiental destinada a acercar a la comunidad la riqueza natural del Área Natural Protegida Copahue y las tareas necesarias para conservarla.

La actividad estuvo a cargo de Atenea Amancay Martínez, integrante del cuerpo provincial de guardaparques, quien compartió información sobre la historia del área, sus ecosistemas y las acciones que se desarrollan para proteger el patrimonio natural. La charla propuso mirar Copahue más allá de sus paisajes y atractivos turísticos, como un ambiente donde interactúan permanentemente la actividad volcánica, el agua, la flora, la fauna y las comunidades que habitan el territorio.

Creada en 1937, cuando Neuquén todavía era Territorio Nacional, Copahue es una de las áreas de conservación más antiguas de la provincia. Su trayectoria reúne más de ocho décadas de protección ambiental y permite observar cómo evolucionaron las políticas destinadas a preservar los ecosistemas patagónicos.

Entre los elementos más representativos del área se encuentra el volcán Copahue, que alcanza los 2.953 metros sobre el nivel del mar y es considerado el volcán más activo de la Patagonia argentina. Su presencia determina buena parte de las características del paisaje y está vinculada con las manifestaciones termales que distinguen a la región.

El patrimonio natural también incluye la cuenca alta del río Agrio, bosques de pehuenes, lengas y ñires, ambientes de estepa y sectores de altura con condiciones climáticas exigentes. A esa diversidad se suman fuentes de agua dulce, lagunas, fumarolas y otros fenómenos asociados con la actividad hidrotermal.

La combinación de estos ambientes permite la presencia de una flora y una fauna particulares, además de una variedad de hongos cuyo conocimiento continúa ampliándose. Las tareas de monitoreo de fauna resultan fundamentales para registrar especies, conocer mejor sus poblaciones y reunir información que permita orientar futuras medidas de conservación.

Estos estudios son especialmente importantes en ecosistemas donde las condiciones ambientales, la distribución de las especies y la actividad humana pueden cambiar con el tiempo. Contar con registros sostenidos ayuda a identificar transformaciones y a evaluar qué medidas son necesarias para mantener el equilibrio de los ambientes naturales.

Durante la actividad también se destacó el trabajo cotidiano de los guardaparques provinciales. Sus responsabilidades incluyen la vigilancia del área, la restauración ecológica, el mantenimiento de senderos, el acompañamiento de investigaciones científicas y la orientación a quienes visitan el lugar.

Esa labor requiere presencia constante en el territorio y una combinación de conocimientos ambientales, técnicos y sociales. Además de proteger los recursos naturales, los guardaparques cumplen una función educativa: ayudan a que residentes y turistas comprendan las características del lugar, reconozcan sus fragilidades y adopten comportamientos compatibles con su conservación.

En una región donde el turismo de naturaleza tiene un peso importante, esa tarea adquiere especial relevancia. Los senderos, los bosques y los ambientes volcánicos forman parte de una oferta turística que puede generar actividad económica y empleo, pero su aprovechamiento necesita planificación para evitar que la presión sobre los ecosistemas termine deteriorando aquello que atrae a los visitantes.

La Feria de Volcanes permitió integrar esa mirada ambiental con una propuesta educativa más amplia. La organización contó con la participación de la Municipalidad de Caviahue-Copahue, el Jardín Copito de Nieve, la Escuela 164, el Servicio Geológico Minero Argentino a través del Observatorio Argentino de Vigilancia Volcánica, Radio y Televisión de Neuquén, el Área Natural Protegida Copahue y el Colectivo de Mujeres Mapuche Kimun.

Durante las dos jornadas se desarrollaron charlas sobre ciencia y riesgos volcánicos, juegos educativos para niños, salas temáticas y una caminata destinada a observar rocas volcánicas. Las actividades buscaron acercar conocimientos a públicos de diferentes edades y generar espacios para compartir preguntas, experiencias y saberes vinculados con el entorno.

La participación de instituciones educativas y organizaciones locales también puso de relieve que la conservación no depende exclusivamente de las decisiones administrativas ni de la tarea de los especialistas. La comunidad puede cumplir un papel central cuando conoce el territorio, comprende sus necesidades y participa en iniciativas que promueven el cuidado de los bienes naturales.

En ese sentido, la educación ambiental no se limita a transmitir datos sobre especies, paisajes o fenómenos geológicos. También permite comprender las relaciones entre los componentes de un ecosistema y reconocer cómo las decisiones cotidianas pueden influir en su estado. El conocimiento se transforma así en una herramienta para prevenir daños, fortalecer la responsabilidad colectiva y acompañar las políticas de conservación.

Copahue ofrece un ejemplo especialmente visible de esa relación. Su identidad está marcada por el volcán, las aguas termales y los bosques cordilleranos, pero también por las actividades humanas que se desarrollan en la región. La protección de sus ambientes exige considerar tanto los valores naturales como las necesidades de las comunidades y las condiciones para sostener actividades productivas y turísticas a largo plazo.

La jornada en Caviahue dejó planteada una idea central: conservar un área protegida no significa mantenerla aislada de la sociedad, sino construir una relación responsable entre las personas y el ambiente. Para que esa relación funcione, hacen falta investigación, planificación, presencia estatal y espacios de participación que permitan compartir conocimientos.

En Neuquén, donde los paisajes naturales forman parte de la identidad provincial y sostienen diversas actividades económicas, acercar la conservación a las escuelas y a la comunidad representa una inversión de largo plazo. Cada instancia de aprendizaje puede contribuir a que las nuevas generaciones conozcan mejor su entorno y comprendan por qué protegerlo requiere un compromiso sostenido.

La experiencia de la Feria de Volcanes mostró que el cuidado de Copahue comienza también en esos encuentros: cuando la ciencia se acerca a la comunidad, los guardaparques comparten su experiencia y el territorio deja de ser solamente un paisaje para convertirse en una responsabilidad compartida.