Setenta emprendedores de distintas localidades neuquinas participaron en una jornada gratuita de capacitación en Plottier, con herramientas sobre costos, marketing, formalización y gestión. La iniciativa también busca fortalecer redes y acompañar proyectos de la economía social que necesitan algo más que financiamiento para crecer.
Emprender suele contarse como una historia individual: una idea, una persona decidida y el esfuerzo necesario para convertirla en un proyecto. Pero detrás de casi cualquier emprendimiento aparecen problemas que se repiten: cómo calcular un precio, cuánto cuesta realmente producir, cómo conseguir clientes, cómo formalizar la actividad o simplemente cómo saber si una idea puede sostenerse en el tiempo.
En Plottier, un grupo de emprendedores neuquinos encontró un espacio para discutir justamente esas preguntas.
La Escuela 351 fue escenario del Primer Encuentro de Emprendedores, una iniciativa impulsada por la línea Tejiendo Redes del programa Neuquén Financia. La jornada reunió a 70 emprendedores provenientes de Caviahue, Zapala, Plottier, Centenario y Neuquén capital, con capacitaciones gratuitas y espacios de intercambio destinados a fortalecer sus proyectos.
El encuentro partió de una premisa sencilla pero importante: para que un emprendimiento pueda crecer no alcanza con tener una buena idea. También hacen falta herramientas.
Por eso, la capacitación abordó cuestiones que muchas veces quedan relegadas cuando alguien comienza a producir y vender por su cuenta. Análisis de costos, mentalidad emprendedora, marketing y formalización fueron algunos de los talleres ofrecidos durante la jornada. También hubo espacios de networking y entrega de certificados.
El problema de los costos puede parecer una cuestión técnica, pero para un pequeño emprendimiento puede determinar su supervivencia. Saber cuánto cuesta producir algo implica contemplar materias primas, gastos fijos, tiempo de trabajo y otros componentes que muchas veces quedan invisibles cuando la actividad empieza de manera informal.
Virginia, de Sara Aromas, contó que una de las herramientas que pudo incorporar fue precisamente el cálculo de costos fijos y variables, junto con la valoración de la mano de obra y la definición del precio final de sus productos. Son conocimientos elementales para cualquier empresa consolidada, pero pueden marcar una diferencia enorme para quien está intentando convertir una actividad personal en una fuente de ingresos sostenible.
La capacitación también puso sobre la mesa una dimensión menos visible: la soledad con la que muchas veces se emprende.
Laura Hochnadel, de Evas Soluciones Conscientes, relató que su proyecto —vinculado con la recolección y compostaje de residuos orgánicos, el tratamiento de residuos de mascotas y el desarrollo de baños secos— comenzó hace menos de un año. Para ella, encontrarse con otros emprendedores permitió compartir problemas y aprendizajes que, de otro modo, deberían resolverse de manera individual.
Esa construcción de redes es uno de los puntos centrales de la propuesta. El emprendimiento no aparece solamente como una cuestión de esfuerzo personal, sino como una actividad que también puede beneficiarse de la cooperación, el intercambio de experiencias y el acceso a conocimientos.
En tiempos en los que las redes sociales se convirtieron en una vidriera comercial casi obligatoria, esa necesidad se vuelve todavía más evidente. Para quienes no tienen experiencia en herramientas digitales, promocionar un producto, vender por internet o construir una identidad comercial puede resultar tan complejo como fabricar aquello que quieren vender.
Ivonne, de Brigid Puntadas, vinculada al rubro textil y de accesorios, destacó justamente esa dimensión. La jornada no solamente ofreció respuestas, sino también preguntas y nuevas formas de pensar cómo crecer y desarrollar un proyecto.
El programa combina así dos elementos que suelen avanzar por caminos separados: capacitación y financiamiento.
Durante el encuentro se presentó el estado de la Línea de Créditos Tejiendo Redes, que ya entregó más de 225 millones de pesos a emprendedores de las siete regiones de Neuquén. El objetivo es que el acceso al crédito esté acompañado por formación y seguimiento, para que el dinero no sea solamente un recurso inmediato, sino una herramienta que pueda ayudar a consolidar los proyectos.
Ese enfoque resulta especialmente relevante para la economía social. Un crédito puede comprar herramientas, insumos o equipamiento, pero difícilmente pueda resolver por sí solo los problemas de gestión que aparecen después. Sin conocimientos para administrar los costos, comercializar o formalizar una actividad, el financiamiento corre el riesgo de convertirse en un alivio pasajero.
La apuesta de Tejiendo Redes busca, al menos en su diseño, trabajar sobre ambas dimensiones: dar recursos y generar capacidades.
Para Neuquén, además, el fortalecimiento de pequeños emprendimientos adquiere una importancia particular en una economía atravesada por el crecimiento de Vaca Muerta. Mientras la actividad hidrocarburífera impulsa grandes inversiones y genera empleo, existe también el desafío de construir una matriz económica más amplia, capaz de incluir proyectos locales, servicios, producción y economía social.
No todos los caminos del desarrollo pasan por una torre de perforación. Algunos empiezan en un taller, una cocina, un pequeño local, una computadora o una máquina de coser.
El desafío consiste en que esas iniciativas encuentren condiciones para crecer sin perder su identidad y puedan convertirse en proyectos sostenibles. Para eso, a veces hace falta algo tan concreto como aprender a calcular un costo. Y otras veces, algo menos cuantificable pero igual de importante: descubrir que emprender no tiene por qué significar hacerlo solo.