Dos décadas criando truchas de calidad en el norte neuquino

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  • Categoría de la entrada:Cultura / Turismo
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En el paraje Charra Ruca, a pocos kilómetros de Huinganco, Reinerio Villanueva lleva más de veinte años dedicado a la producción de truchas en su emprendimiento Las Piedritas. Con esfuerzo, perseverancia y el aprovechamiento de las aguas cristalinas del Arroyo del Manzano, logró consolidar un proyecto que combina producción, gastronomía y turismo en el norte de Neuquén.

La historia comenzó hace dos décadas con el objetivo de criar una de las especies más representativas de la cordillera neuquina. Sin embargo, el camino estuvo marcado por distintos desafíos. Una fuerte tormenta destruyó gran parte de las instalaciones y arrasó con la producción, obligándolo a comenzar nuevamente desde cero. Años más tarde, durante la pandemia, la imposibilidad de recibir alevinos volvió a poner en riesgo el emprendimiento. Pese a las dificultades, Villanueva decidió seguir adelante y reconstruir su proyecto.

Actualmente el criadero alberga alrededor de 1.700 truchas, que requieren entre un año y medio y dos años para alcanzar el tamaño ideal para el consumo. Las bajas temperaturas del agua de montaña hacen que el crecimiento sea más lento, pero también permiten obtener un producto de excelente calidad, con carne firme, buen color y libre de enfermedades.

Lejos de buscar una producción masiva, Villanueva apuesta por un modelo sustentable. Su objetivo es mantener un equilibrio con el entorno natural y no superar las 2.500 o 3.000 truchas, una cantidad que considera adecuada según la disponibilidad de agua y las condiciones climáticas de la zona.

La producción tiene un destino muy particular. En el mismo predio funciona una parrilla donde las truchas pasan prácticamente del criadero al plato. La especialidad de la casa es una trucha despinada, abierta tipo mariposa, acompañada con crema de roquefort y papas al horno, una propuesta que se convirtió en un atractivo para quienes visitan el norte neuquino.

El emprendimiento cuenta además con el acompañamiento permanente del Centro de Ecología Aplicada del Neuquén (CEAN), organismo que provee los alevinos y brinda asistencia técnica desde los inicios del proyecto. Villanueva destaca que ese respaldo fue fundamental para sostener la actividad y mejorar la producción a lo largo de los años.

Con la mirada puesta en el futuro, el productor sueña con volver a elaborar trucha ahumada, un producto que distinguió al establecimiento en sus primeros años y que espera recuperar mediante nuevas herramientas de conservación y envasado. Su historia refleja el valor del arraigo, la producción local y el esfuerzo de quienes generan trabajo y desarrollo en el interior de la provincia.