En el crepúsculo de un día aparentemente ordinario de octubre de 2023, la región de Gaza, cuna de milenarias disputas y testigo de la fragilidad de la paz, fue envuelta una vez más en la sombra de un conflicto recrudecido. La chispa de esta última conflagración fue provocada por un incidente fronterizo que rápidamente escaló en una serie de intercambios violentos, poniendo fin a un período de tensa calma y desatando una ola de violencia que ha perdurado a través de los meses y que pareciera que nos lleva derechitos a la Tercera Guerra Mundial. Cada estruendo de artillería, cada sirena en la noche, ha marcado el pulso de un conflicto que parece eterno, un ciclo sin fin de represalia y dolor. En un año, la Franja de Gaza ha pasado de ser una zona en conflicto a ser tierra arrasada, como arrasada ha sido su población.
Contexto Histórico
El escenario de esta tragedia moderna está cimentado en profundas y enconadas raíces históricas. La tierra que hoy se disputan Israel y Palestina ha sido un crisol de civilizaciones, cada una dejando su marca en el suelo ensangrentado de Canaán. Los tratados del pasado, como los Acuerdos de Oslo en la década de 1990, intentaron dibujar líneas de paz sobre mapas que se han reescrito con cada generación, pero el tinte de la desconfianza y el trauma ha permeado profundamente en el corazón de ambos pueblos.
Desde la Declaración Balfour en 1917, prometiendo un hogar nacional para el pueblo judío en Palestina, hasta la guerra de 1948 que siguió a la creación del Estado de Israel, cada episodio ha sido un eslabón en una cadena de confrontaciones. La Guerra de los Seis Días en 1967 y la subsiguiente ocupación de Gaza y Cisjordania, y más tarde los Acuerdos de Camp David en 1978, han sido intentos de solucionar los dilemas de una tierra prometida para unos y patria para otros, entrelazados en un nudo gordiano de geopolítica y derechos ancestrales.
Este telón de fondo histórico ha creado un escenario donde cada acto de violencia se siente tanto como una respuesta a agravios recientes como una reverberación de agravios antiguos, en un territorio donde la historia no es solo memoria, sino un palpable actor en el drama diario de sus habitantes. El conflicto no es solo sobre quién gobierna esta tierra, sino sobre quién puede llamarla hogar, sobre quién puede soñar aquí un futuro.
En este complejo escenario, la intervención de potencias extranjeras ha añadido capas de complejidad, donde cada declaración internacional y cada resolución de la ONU es a la vez una promesa de acción y un recordatorio de las limitaciones del poder y la diplomacia internacional.
Desarrollo del Conflicto
El sábado 7 de octubre, a las 6:30 a.m., hora local, comenzaron a caer en Israel los primeros cohetes disparados desde Gaza. Minutos después, miembros de Hamas atravesaron el límite que divide al país y la Franja de Gaza y atacaron y dispararon contra los asistentes al festival musical Nova. Las autoridades reportaron más de 1.400 personas muertas y 250 israelíes y extranjeros tomados como rehenes.
El primer ministro, Benjamin Netanyahu, prometió aniquilar a Hamas, una organización considerada “terrorista” por su país, Estados Unidos y la Unión Europea. Desde ese momento, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) movilizaron soldados y declararon el “estado de alerta de guerra”. El presidente de Israel, Isaac Herzog, aseguró que el país se enfrentaba a un momento muy difícil, pero que podían vencer a quienes les deseaban el mal.
Desde entonces, Israel comenzó a acumular miles de soldados en la frontera y ha bombardeado y bloqueado Gaza, causando lo que agencias de ayuda humanitaria llamaron una “crisis humanitaria”.
Grupos de derechos humanos han descrito condiciones de vida “indescriptibles” para los palestinos en medio de la campaña de Israel que ha pulverizado barrios, dañado la infraestructura de salud y agotado los suministros de alimentos, agua y combustible.
Hasta julio pasado, casi 2 millones de personas habían sido desplazadas en Gaza, lo que representaba cerca del 90% de la población en el enclave, estimada por la ONU en unos 2,1 millones de personas.
El 24 de noviembre de 2023 comenzó una tregua de siete días entre Israel y Hamas que incluía una pausa en los combates y la liberación de rehenes retenidos en Gaza y también por parte de Israel. La tregua resultó en el regreso de 70 israelíes en virtud del acuerdo. Otros tres ciudadanos israelíes con doble nacionalidad y 24 ciudadanos extranjeros fueron liberados fuera del acuerdo.
Los ataques israelíes en Gaza han arrasado con todo a su paso. En el enclave han muerto civiles, incluidos miles de niños y mujeres, así como trabajadores humanitarios y periodistas, mientras que miles más han resultado heridos.
Desde el 7 de octubre hasta inicios de septiembre, el Ministerio de Salud palestino, controlado por Hamas, reportó más de 41.000 muertos y 95.000 heridos.
La situación en Medio Oriente no ha hecho más que complicarse, con Israel bombardeando vario países y enfrentándose a más de un grupo armado en la zona.
Si bien las tensiones en la región comenzaron desde meses antes por los ataques de Hezbollah, respaldado por Irán, la situación escaló el 17 de septiembre, cuando cientos de buscapersonas de miembros del grupo extremista explotaron casi simultáneamente en el Líbano.
Al menos nueve personas murieron y al menos 2.800 resultaron heridas en el ataque, según autoridades.
Se supo que Israel estaba detrás del ataque, que fue una operación conjunta entre el servicio de inteligencia israelí, el Mossad y el Ejército israelí. El gobierno libanés condenó el ataque como una “agresión israelí criminal”.
Un día después se reportaron nuevas explosiones de walkie-talkie en el Líbano que mataron a al menos 20 personas e hirieron a más de 450. El acto fue calificado por el alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, como “una violación al derecho humanitario”.
En medio de los ataques, Irán lanzó el 1 de octubre una ráfaga de unos 200 misiles balísticos contra objetivos militares israelíes, el mayor ataque de su historia, haciendo sonar las sirenas y activando los sofisticados sistemas de defensa del país.
El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, dijo tras el ataque: “Irán cometió un grave error esta noche y pagará por ello”.
El ataque del martes cambió aún más la dinámica del conflicto, que ha pasado de ser una guerra en la que participaban representantes de Irán a un enfrentamiento directo entre dos potencias militares regionales. Mientras el conflicto sigue escalando, los esfuerzos por alcanzar acuerdos que pongan fin a los enfrentamientos se ven cada vez más lejanos.
Perspectivas y Análisis
La complejidad del conflicto israelí-palestino permite una multitud de perspectivas. Desde Israel, el gobierno actual enfrenta presiones internas significativas que van desde la defensa de políticas de seguridad hasta la gestión de la respuesta pública a sus tácticas. Palestina, por su parte, sigue demandando reconocimiento y soberanía, con un enfoque en la autodeterminación y el fin de la ocupación. Las potencias regionales y globales, como Estados Unidos y países de la Unión Europea, además de actores regionales como Irán y Egipto, tienen cada uno sus propios intereses estratégicos que influyen en sus posturas y acciones respecto al conflicto.
El papel de la diplomacia sigue siendo crucial, aunque desafiante, con esfuerzos continuos para reactivar conversaciones de paz que han sido históricamente frágiles. Las soluciones propuestas varían desde dos estados coexistiendo pacíficamente hasta propuestas más integradoras que buscan una sola entidad política, pero con igualdad de derechos y oportunidades para todos los habitantes. Estas negociaciones son delicadas y requieren una combinación equilibrada de presión internacional, compromiso político interno de ambas partes y un genuino deseo de alcanzar la paz.
Un Llamado a la Reflexión y Acción Global
Mientras la polvareda del conflicto se asienta día tras día sobre las ruinas de Gaza e Israel, el clamor de la comunidad internacional por una resolución pacífica se intensifica. Como expresó Martin Luther King Jr., «La verdadera paz no es simplemente la ausencia de tensión: es la presencia de justicia». Esta frase resuena con especial fuerza en el contexto de un Medio Oriente desgarrado por el conflicto, donde la justicia parece ser el precio más alto y más esquivo.
El año de guerra no solo ha dejado un legado de devastación sino que también ha desafiado nuestra comprensión de la humanidad. Como señaló Hannah Arendt, “La guerra, a diferencia de cualquier otro acto, no tiene más remedio que destruir el entorno político y convertir a todos los involucrados en enemigos en potencia”. Esta reflexión invita a reconsiderar las políticas y estrategias que perpetúan el ciclo de violencia en lugar de buscar caminos hacia la reconciliación.
Ante esta situación, es crucial no solo la intervención de políticos y diplomáticos sino también la participación activa de la sociedad civil global. La necesidad de educación en derechos humanos y conciencia ambiental en contextos de guerra es imperativa, como lo indican las voces de expertos y académicos que advierten sobre las consecuencias a largo plazo de ignorar estos aspectos fundamentales.
Es momento de que la comunidad internacional, más allá de las fronteras y diferencias políticas, una sus voces en un coro que demanda un alto al fuego permanente y un compromiso genuino con la paz sostenible. Como sugirió Immanuel Kant en su tratado sobre la paz perpetua, «La paz es el establecimiento de un orden cuya parte no puede ser amenazada por ninguna otra parte exterior». En el escenario actual, este ideal kantiano nos desafía a buscar soluciones que no solo pongan fin a la violencia actual sino que también aborden sus raíces profundas.
Con la esperanza de que la razón y la compasión prevalezcan, miramos hacia un futuro en el que Gaza e Israel puedan coexistir en armonía, recordando las palabras de Nelson Mandela: «Si quieres hacer la paz con tu enemigo, tienes que trabajar con tu enemigo. Entonces se convierte en tu compañero».
Jordi W. Aguiar
@jordiaguiar