El bolsillo desplaza a la inflación: salarios, empleo e incertidumbre dominan las preocupaciones argentinas

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Un relevamiento nacional de la consultora Zentrix muestra que la incertidumbre económica, los ingresos y el desempleo encabezan las inquietudes sociales. Al mismo tiempo, el 55,5% desaprueba la gestión de Javier Milei, frente a un 36,2% que la aprueba. La desaceleración de los precios ya no alcanza para despejar las preocupaciones sobre el futuro económico de los hogares.

La economía argentina atraviesa una etapa en la que la discusión sobre los precios comienza a compartir protagonismo con otra pregunta mucho más cotidiana: cuánto alcanza el sueldo y qué tan seguro es el trabajo. Para millones de familias, el problema ya no pasa únicamente por seguir el movimiento de las góndolas, sino por intentar sostener los gastos mensuales en un escenario donde los ingresos y las perspectivas laborales generan cada vez más incertidumbre.

Esa preocupación aparece reflejada en el último Monitor de Opinión Pública elaborado por la consultora Zentrix. El estudio, realizado durante octubre, muestra que la incertidumbre económica encabeza las inquietudes de la población, con el 48,2% de las respuestas. Muy cerca aparecen los ingresos y salarios, con el 46,2%, y el desempleo, con el 44,6%.

Los números dibujan una agenda social dominada por las dificultades económicas. La corrupción ocupa el cuarto lugar, con el 42,9%, mientras que las tarifas de los servicios públicos alcanzan el 28,8%. Más atrás aparecen la inseguridad, con el 20,7%, y la educación, con el 20,2%.

Uno de los datos más significativos del relevamiento es la posición que ocupa actualmente la inflación. Con el 16,7% de las menciones, quedó relegada al noveno lugar entre los principales problemas identificados por los encuestados. El mismo porcentaje corresponde a las deudas, una preocupación que refleja las dificultades que enfrentan numerosos hogares para sostener sus compromisos financieros.

El desplazamiento no significa que los aumentos hayan dejado de afectar la vida cotidiana. Más bien señala que la discusión económica incorporó una dimensión diferente: la capacidad real de los ingresos para acompañar los gastos. Una inflación más moderada puede representar un alivio respecto de períodos anteriores, pero no garantiza por sí misma una recuperación del poder adquisitivo ni una mejora en las condiciones de vida.

En ese sentido, el desafío para el Gobierno de Javier Milei consiste en transformar la estabilización de algunas variables macroeconómicas en mejoras perceptibles para la población. La evolución de los salarios, la generación de empleo y la posibilidad de recuperar previsibilidad económica aparecen como cuestiones centrales para evaluar el rumbo de la gestión.

El informe también registró las opiniones sobre la administración presidencial. El 55,5% de los consultados desaprueba la gestión de Milei, mientras que el 36,2% la aprueba. La diferencia alcanza los 19,3 puntos porcentuales.

Sin embargo, el relevamiento también muestra una evolución que merece atención: la aprobación presidencial pasó del 31,4% en julio al 36,2% en octubre, acumulando tres meses consecutivos de recuperación. Esa mejora todavía convive con un nivel de desaprobación superior al 55%, por lo que ambos indicadores reflejan un escenario de opiniones divididas y una evaluación todavía mayoritariamente negativa de la gestión.

La imagen personal del Presidente presenta una diferencia similar. El 58% de los encuestados manifestó una valoración negativa, frente al 35,9% que expresó una opinión positiva.

Los resultados adquieren relevancia porque permiten observar qué aspectos de la economía están ocupando el centro de las preocupaciones sociales. Durante buena parte de su gestión, Milei construyó su principal argumento económico alrededor de la reducción de la inflación y el ordenamiento de las cuentas públicas. Pero el nuevo escenario muestra que la estabilidad de los precios no agota las demandas de la sociedad.

La posibilidad de conseguir empleo, mantenerlo y percibir un salario suficiente para afrontar los gastos cotidianos constituye otra dimensión fundamental del bienestar económico. Sin esas condiciones, la recuperación de los indicadores macroeconómicos puede convivir con una percepción de fragilidad en la vida de los hogares.

El estudio de Zentrix se realizó entre el 19 y el 30 de octubre, mediante una encuesta online de alcance nacional que incluyó a 1.278 personas de las 24 jurisdicciones del país. La muestra fue ponderada por región, edad y sexo.

La fotografía que deja el relevamiento plantea una señal para la administración nacional: la discusión económica está entrando en una etapa donde los resultados se miden cada vez más por su impacto concreto en los ingresos y el empleo. La desaceleración inflacionaria sigue siendo una variable relevante, pero ya no ocupa por sí sola el centro de las expectativas.

Porque una economía no se estabiliza completamente en los números si esa estabilidad todavía no consigue traducirse en tranquilidad para quienes viven de su trabajo. Y, según las respuestas de los argentinos, esa distancia entre los indicadores y la vida cotidiana continúa siendo uno de los principales desafíos del Gobierno.