El mercado presiona por una devaluación en septiembre mientras la inflación sigue sin perforar el 4%. El Gobierno enfrenta el desafío de mantener la recesión, postergar aumentos tarifarios y manejar un tipo de cambio en tensión.
La gestión económica del gobierno de Javier Milei y su ministro de Economía, Luis Caputo, enfrenta crecientes presiones del mercado para realizar una devaluación en septiembre. Este movimiento sería una respuesta a la inflación mensual, que sigue estancada en un rango del 3% al 4%, muy por encima de las metas oficiales. Informes recientes del sector privado muestran que la economía no logra romper el piso inflacionario del 4%, lo que complica el objetivo gubernamental de alcanzar la desinflación.
Diversas consultoras, como Facimex y EcoGo, proyectan una inflación en torno al 4% para agosto, similar a la de julio, lo que representa un desafío para el gobierno, que esperaba una caída más acelerada. La expectativa en los mercados es que, para compensar la reducción del impuesto PAIS en la compra de dólares, el gobierno opte por una devaluación que equipare el tipo de cambio oficial con los dólares financieros. Sin embargo, este ajuste podría impactar en la ya debilitada economía, afectando tanto la competitividad como la acumulación de reservas.
El equipo económico ha seguido tres pilares fundamentales en su lucha contra la inflación: mantener la recesión, permitir una apreciación gradual del peso, y postergar la recomposición de tarifas de servicios públicos. Sin embargo, esta estrategia está generando un desgaste significativo. La recesión profunda, necesaria para controlar los precios, está afectando gravemente el consumo y la inversión. Además, la apreciación del peso está retrasando la liquidación de exportaciones, mientras que la postergación de ajustes tarifarios podría desestabilizar las finanzas públicas.
Con un riesgo país en torno a los 1.500 puntos y una creciente desconfianza en la capacidad del gobierno para manejar la situación, el panorama económico se complica aún más. A pesar de los esfuerzos del gobierno por mantener la estabilidad, la falta de avances visibles en la lucha contra la inflación y el deterioro de las expectativas económicas están generando tensiones dentro del oficialismo y entre los actores del mercado, que miran con preocupación las decisiones que se tomarán en septiembre.