La baja capacidad de compra de los hogares argentinos dispara las alertas en el sector comercial.
La combinación de salarios depreciados y precios en constante aumento ha configurado un escenario crítico para el consumo de bienes durables en Argentina. Los electrodomésticos, símbolo de progreso y comodidad en los hogares, se han convertido en un lujo inalcanzable para gran parte de la población. Mientras las góndolas se vacían de compradores, los depósitos de las empresas se llenan de productos que no encuentran salida.
Una crisis de consumo que golpea a todos los sectores
Según datos recientes, las ventas de electrodomésticos y artículos para el hogar han registrado una caída significativa en comparación con años anteriores. La contracción del poder adquisitivo, resultado de una inflación persistente y una política salarial que no logra recomponer ingresos, explica gran parte de este fenómeno. Los consumidores priorizan cubrir necesidades básicas, dejando de lado compras de bienes duraderos.
En un contexto donde el salario real ha perdido más del 20% de su valor en los últimos años, adquirir un televisor, una heladera o un lavarropas se ha vuelto casi imposible para los sectores medios y bajos. Incluso las promociones y los planes de financiación, históricamente motores de ventas en este rubro, han perdido atractivo debido a las altas tasas de interés.
El impacto en la industria y el comercio
La acumulación de stock en los depósitos genera preocupación tanto en los fabricantes como en los comercios minoristas. Las empresas enfrentan serios problemas financieros al no poder rotar su mercadería, lo que afecta su capacidad de producción y empleo. Por su parte, los comercios buscan estrategias para sobrevivir en un mercado en contracción, desde ofertas agresivas hasta alianzas con bancos para ofrecer planes de pago más accesibles.
“Estamos viendo una caída que no se había registrado en años. No es solo que la gente no compra, sino que directamente no tiene cómo pagar, incluso en cuotas. Esto afecta la confianza del consumidor y retrasa aún más la recuperación del sector”, afirmó un empresario del rubro.
La desconexión entre precios y salarios
La situación pone en evidencia una problemática estructural de la economía argentina: la desconexión entre el aumento de los precios y la capacidad de los salarios para acompañar esa dinámica. Mientras los costos de los electrodomésticos suben impulsados por la inflación y la devaluación, los ingresos de los trabajadores se mantienen en niveles críticos, generando una brecha insalvable entre oferta y demanda.
Este fenómeno no solo afecta a las familias, sino que también tiene implicancias macroeconómicas. El consumo interno, históricamente uno de los motores de la economía argentina, se encuentra en niveles preocupantes, lo que impacta negativamente en la actividad económica general.
Un futuro incierto
A corto plazo, la solución parece depender de un cambio en las políticas económicas que permita recomponer el poder adquisitivo de los salarios y recuperar la confianza de los consumidores. Sin embargo, las perspectivas no son alentadoras. Con un panorama de ajuste fiscal y restricciones crediticias, es poco probable que el sector encuentre un alivio en el corto plazo.
La imagen de depósitos llenos de electrodomésticos contrasta con la de hogares que postergan, una vez más, la posibilidad de renovar sus bienes esenciales. Es un reflejo claro de una economía donde el acceso al consumo, motor de desarrollo y bienestar, se convierte en un privilegio cada vez más exclusivo.