El precio de los alimentos en el país subió un 1,1% en la tercera semana de septiembre, mientras que el consumo en supermercados y tiendas de proximidad sigue disminuyendo drásticamente.
En Argentina, el incremento en el precio de los alimentos continúa su tendencia alcista, contrastando fuertemente con una marcada reducción en su consumo debido a la erosión del poder adquisitivo de las familias. Según datos recientes de la consultora EcoGo, los alimentos registraron un aumento del 1,1% en su precio en la tercera semana de septiembre, con una proyección de inflación para el mes en torno al 3,7% según Equilibra.
Este ajuste en los precios, aunque moderado, no se refleja en un aumento del consumo. Por el contrario, se observa una reducción significativa en la adquisición de productos básicos como los alimentos, lo que se atribuye a las políticas económicas actuales que profundizan la pobreza y la indigencia.
EcoGo señala que productos específicos como las carnes y las frutas experimentaron aumentos notables durante el mismo período. La carne de pollo lideró con un aumento del 4,2%, seguido por cortes selectos de carne vacuna y un salto del 7,5% en el precio de los cítricos al cierre de su temporada.
La disparidad en los precios de los alimentos en comparación con otras regiones es considerable, especialmente en comparación con la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires, donde los aumentos han sido menos pronunciados. Esta situación se agrava por un contexto de retraso cambiario que ha exacerbado la inflación local en productos básicos.
Leonardo Claps, economista y especialista en mercados ganaderos del INTA EEA Bariloche, atribuye la escalada de precios principalmente a la escasez de oferta en la región y el aumento en los costos de producción, que incluyen insumos básicos como el maíz y los combustibles. Claps advierte que, si bien los precios altos pueden ser insostenibles para los consumidores, no hay señales de que vayan a disminuir pronto.
El efecto combinado de la inflación y el alto costo de vida ha llevado a las familias a reducir no solo el consumo de alimentos, sino también de otros productos esenciales. Según la consultora Scentia, el consumo en supermercados ha caído drásticamente, con una reducción del 14% en alimentos y hasta un 25,3% en bebidas sin alcohol.
Este panorama desolador refleja una realidad más amplia en la que la capacidad de compra de los neuquinos está siendo severamente afectada, lo que pone de manifiesto la urgencia de medidas efectivas para mitigar la inflación y mejorar el poder adquisitivo en la región.