Un equipo de investigadores descubrió tres bosques petrificados de unos 50 millones de años de antigüedad en la provincia de Río Negro. El hallazgo aporta nuevas evidencias sobre cómo era la Patagonia durante el Eoceno, cuando la región tenía un clima mucho más cálido y húmedo que el actual.
La Patagonia que hoy se conoce por sus estepas, el viento y los paisajes áridos alguna vez fue muy diferente.
Un reciente descubrimiento realizado en Río Negro permitió identificar tres bosques petrificados de aproximadamente 50 millones de años, una evidencia que ayuda a reconstruir cómo era el ambiente patagónico durante una etapa remota de la historia del planeta.
Los restos fósiles corresponden a árboles que quedaron preservados por procesos geológicos a lo largo de millones de años. Gracias a la petrificación, los científicos pueden analizar estructuras internas de la madera y obtener información sobre las especies que habitaron la región y las condiciones climáticas de aquella época.
Según los investigadores, los hallazgos indican que durante el período Eoceno la Patagonia presentaba temperaturas más elevadas y una mayor disponibilidad de humedad. En lugar de los paisajes secos predominantes en gran parte de la actualidad, existían extensos bosques capaces de sostener una biodiversidad muy diferente.
El descubrimiento también aporta datos relevantes para comprender los cambios climáticos ocurridos a escala global. Los registros fósiles permiten observar cómo evolucionaron los ecosistemas frente a transformaciones ambientales que se desarrollaron a lo largo de millones de años.
Los especialistas destacan que la conservación de estos bosques petrificados es excepcional y ofrece una oportunidad única para profundizar el conocimiento sobre la flora prehistórica de Sudamérica.
Además, el hallazgo refuerza el valor científico de la Patagonia, una región que continúa aportando evidencias fundamentales para entender la evolución de la vida y los cambios geológicos del continente.
Porque bajo los paisajes actuales todavía permanecen las huellas de mundos desaparecidos.
Y cada nuevo descubrimiento permite reconstruir una Patagonia que, mucho antes de convertirse en la tierra de montañas, mesetas y estepas, estuvo cubierta por frondosos bosques que hoy solo sobreviven convertidos en piedra.