“Hay una insatisfacción de fondo en general pero en particular de la juventud los más cargados de futuro”

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  • Categoría de la entrada:Entrevistas / Política
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El análisis junto al politólogo comenzó tratando de explicar qué explica el avance de la derecha en la provincia, el país y el mundo en general. En ese aspecto, Lumerman dijo: “Es muy importante agarrar todas las brújulas que tengamos para poder orientarnos y saber aterrizar en este contexto de tanta incertidumbre. Aterrizar y digo, tocar suelo y de ahí ver cómo caminamos en un proceso reflexivo sobre lo que le pasa a nuestro sistema político en la Argentina, en la región en Occidente, pero también un poquito en el mundo, porque estamos bastante globalizados en ese sentido también”. 

En cuanto a cómo comenzar a entender lo que ocurre con los proyectos políticos, el politólogo y analista explicó: “Creo que hay un punto para arrancar desde algún lugar, que es el siguiente, tenemos una crisis general, se habla de la crisis de cascada, crisis civilizatoria, pero yo te diría que hay una crisis de futuro. O sea, la dificultad para visualizar futuro compartido, y ahí hay un problema porque podríamos decir que es desde el futuro donde uno puede inspirarse para construir proyectos políticos incluyentes, utopías básicamente. Y si vos tenés una crisis de futuro, entonces aparecen planteos de recuperación del pasado, de volver al pasado, un pasado donde estábamos mejor, un pasado idealizado y creo que es desde ahí uno de los lugares desde donde se cuela el sueño, de la esta nueva derecha alternativa.  Que recupera una lógica antidemocrática que quizás en los últimos cuarenta años había perdido”. 

En cuanto a la posibilidad de que haya ido creciendo una lógica antidemocrática, Lumerman indicó: 

“Creo que tiene que ver bueno aparte de esto de una escena presente con un futuro muy incierto y donde aparecen las nostalgias, también hay algo de la democracia que fue como una gran promesa cuando llegó; cuando en la Argentina recuperamos la democracia en términos de expectativa de un mejor futuro; donde vos podés participar de las lecciones que te afectan, que te pueden reconocer en tus derechos, que uno puede crear una vida colectiva garantizada por ciertos acuerdos sociales. Ese proyecto y esa posibilidad generó mucha frustración. Generó básicamente la sensación de que, por lo menos en el presente, no se están cosechando esos frutos. Todo lo contrario, tenemos un proceso desgraciadamente de mucha degradación de la calidad de vida -percibida y real-;  y eso, eso que las cuentas no cierren de alguna manera con el modelo democrático. Hace que quizás la gente en su bronca y su enojo respecto a la situación busque gente con martillo romper todo de alguna manera. Si no lo puede romper per se bueno, vota gente que pueda romper este efecto encantador pero desilusionante de las propuestas que vienen con la democracia de partidos”

Referido a esa frustración de la sociedad con lo que propuso el modelo democrático hasta aquí, Lumerman expresó que, “esa frustración, esa bronca encumbra, más allá de las operaciones mediáticas en el medio y cómo se construye su objetividad de los algoritmos -eso es otra cuestión-; creo que ahí hay una insatisfacción de fondo de, en general  la población, pero en particular de la juventud, y ahí es donde también aparece otra variable, Justamente los que más cargados de futuro están, el hecho de que tenían el futuro un poquito cancelado porque no ven alternativas, también se ven seducidos por discursos que combinan la magia y el enojo y las ganas de romper todo” 

Para todo el siglo veinte el Estado tuvo un rol central como organizador social, como institución de referencia para ampliar derechos de alguna manera, para garantizar que la sociedad pueda reproducirse de forma adecuada. Había una discusión sobre más Estado menos Estado, clásica de la derecha y la izquierda, había una discusión sobre más Estado o menos Estado; clásica de la derecha y la izquierda, Libertad versus justicia. Pero había un consenso sobre la importancia de tener una estatalidad presente. Hoy por hoy esa estatalidad viene siendo desarmada a lo largo de este tiempo, por errores propios e intereses ajenos, pero el punto de vista de de la funcionalidad del Estado, cada vez tiene menos margen de maniobra en relación a lo que ocurre, Te voy a dar un ejemplo muy concreto. Un amigo me cuenta que estaba charlando con su hijo y su hijo le dice -su hijo tiene 16, ya en el padrón, así que puede votar-; y la discusión era ¿a quién votar? Y el pibe dice, ¿y para qué voy a votar? Si igual, cualquiera que ponga no va a hacer nada, no va a poder hacer nada. Ahí está, el punto es la impotencia. “No va a poder hacer nada. Ya está definido”. El destino colectivo no lo define quien esté parado en la cúspide del Estado de alguna manera. Pongo un Presidente A, pongo un Presidente B, pongo un presidente C, la perspectiva de este chico es que no cambia nada. La impotencia de la política”.

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