El equipo integrado por alumnos de las EPET 12 y 30 de San Martín de los Andes finalizó su participación en el FIRST Global Challenge 2026, realizado en Incheon, Corea del Sur. Enfrentaron a delegaciones de cerca de 190 países, reconstruyeron su robot al llegar al continente asiático y pusieron a prueba sus conocimientos de programación, electrónica y trabajo colaborativo en una competencia centrada en la prevención y recuperación de incendios forestales.
A miles de kilómetros de la Patagonia, un grupo de estudiantes neuquinos llevó sus conocimientos técnicos hasta uno de los escenarios internacionales más importantes de la robótica educativa. Bajo el nombre Herederos de Turing, los jóvenes de San Martín de los Andes participaron del FIRST Global Challenge 2026, una competencia que reunió en Incheon, Corea del Sur, a representantes de cerca de 190 países.
La experiencia terminó el sábado 10 de octubre, después de varias jornadas de pruebas, desafíos técnicos y partidos en los que cada equipo debió combinar programación, estrategia y capacidad de adaptación. La delegación argentina alcanzó una puntuación máxima de 227 puntos y un promedio de 106 por partido, mientras que en la clasificación general quedó en el puesto 158, dentro de un universo cercano a los 200 participantes.
Más allá de la ubicación final, el recorrido puso en evidencia el trabajo de estudiantes y docentes que se prepararon para competir en un entorno tecnológico internacional. La experiencia exigió resolver problemas bajo presión, coordinar estrategias con otros países y adaptarse a condiciones que no siempre podían anticiparse desde el aula.
La delegación que viajó a Corea estuvo integrada por Valentina Fernández, Aaron Barros, Emanuel Basile, Enrique Cruz y Santiago Rocca, alumnos de las escuelas técnicas EPET 12 y EPET 30 de San Martín de los Andes. También fueron parte fundamental del desarrollo del proyecto Aylin Peralta y Aucan Russo, quienes colaboraron en el proceso de diseño e innovación desde Neuquén, aunque no pudieron viajar.
Los docentes y mentores Nicolás Marinelli y Nora Coll acompañaron la preparación técnica y estratégica del equipo. Su trabajo abarcó áreas como la programación, la electrónica y la puesta a punto del robot, además del acompañamiento necesario para sostener el proyecto durante una competencia de alto nivel.
Uno de los primeros desafíos apareció apenas llegaron a Corea del Sur. Como ocurre con las delegaciones participantes, los estudiantes trasladaron el dispositivo desarmado y debieron reconstruirlo en el lugar antes de someterlo a la revisión técnica de los jurados. La tarea demandó varias horas de trabajo y obligó a comprobar que cada componente funcionara correctamente antes de ingresar a la pista.
La instancia de armado no fue un trámite menor. En robótica, una conexión defectuosa, una pieza mal ajustada o un error de programación pueden alterar el desempeño de todo el sistema. Los jóvenes tuvieron que revisar el conjunto, realizar pruebas y familiarizarse con el escenario de competencia en un tiempo limitado, una exigencia que puso en juego tanto sus conocimientos como su capacidad para trabajar en equipo.
El FIRST Global Challenge propone desafíos que combinan ciencia, tecnología, ingeniería y matemática con problemas del mundo real. En la edición de 2026, el lema fue “Igniting Innovation”, o “Encendiendo la innovación”, y las pruebas estuvieron orientadas a simular estrategias de prevención, mitigación y recuperación frente a incendios forestales.
La temática conecta la robótica con una de las preocupaciones ambientales más importantes de la actualidad. Los incendios forestales pueden destruir ecosistemas, afectar a comunidades, poner en riesgo viviendas y comprometer recursos naturales. Aunque un robot construido para una competencia no reemplaza los sistemas profesionales de emergencia, estos desafíos permiten explorar cómo la automatización, los sensores y la programación pueden contribuir a pensar soluciones tecnológicas frente a situaciones complejas.
Durante tres jornadas intensas, los estudiantes disputaron 11 partidos en una pista real. La dinámica exigía algo más que hacer funcionar el robot: en cada ronda debían establecer alianzas con delegaciones de otros países y coordinar sus movimientos para sumar puntos. Esa modalidad convirtió la comunicación y la capacidad de negociación en herramientas tan importantes como la precisión técnica.
El uso del inglés fue parte de esa experiencia. Los participantes debieron intercambiar información con jóvenes de distintas nacionalidades, acordar estrategias y responder a cambios en las condiciones de cada partido. La competencia, por lo tanto, también funcionó como un espacio de aprendizaje intercultural, donde los conocimientos adquiridos en las escuelas se combinaron con habilidades necesarias para desenvolverse en escenarios internacionales.
La participación neuquina llegó después de un proceso de preparación que incluyó instancias previas de robótica educativa. El recorrido permitió que los estudiantes pusieran en práctica conceptos de programación y electrónica, pero también aprendieran a identificar errores, distribuir responsabilidades y tomar decisiones en conjunto.
En ese sentido, el resultado de una competencia no resume todo lo que ocurre durante el proceso. El puesto alcanzado por Argentina ofrece una referencia concreta del desempeño en la clasificación, pero no refleja por completo el trabajo realizado, los conocimientos incorporados ni la experiencia de enfrentarse a equipos con diferentes recursos y trayectorias.
La presencia de Herederos de Turing también tuvo una dimensión simbólica. Durante el desfile inaugural, los representantes argentinos ingresaron con ponchos, pañuelos tradicionales y camisetas de la selección nacional. La escena combinó la identidad cultural del país con una disciplina asociada a la innovación y al desarrollo tecnológico.
El Gobierno de Neuquén acompañó la iniciativa a través del Ministerio de Educación y de la Dirección de Capacitación TIC. La delegación contó con la presencia de Daniela Zerda, directora del área, quien brindó acompañamiento institucional durante la estadía en Corea. La participación fue impulsada junto con Educabot, con financiamiento gestionado a través de Emprendimientos Culturales y Deportivos del Neuquén Sociedad del Estado y el Instituto de Juegos de Azar del Neuquén.
Desde el ámbito provincial destacaron que se trata del segundo año consecutivo en que estudiantes neuquinos participan del mundial. La continuidad permite sostener una experiencia que vincula la educación técnica con espacios de intercambio internacional y que puede servir como referencia para otros alumnos interesados en la ciencia y la tecnología.
Sin embargo, ampliar estas oportunidades requiere algo más que financiar un viaje. La formación tecnológica necesita equipamiento, docentes capacitados, tiempo para desarrollar proyectos y acceso sostenido a herramientas de programación e ingeniería. También es importante que las experiencias internacionales puedan compartirse con otros estudiantes para multiplicar lo aprendido y no queden limitadas a quienes integran una delegación.
Las escuelas técnicas cumplen un papel relevante en ese camino. En ellas, los conocimientos teóricos pueden convertirse en prototipos, mecanismos y soluciones concretas. La robótica obliga a combinar distintas disciplinas y enseña que un resultado depende tanto de una buena idea como de la capacidad de probarla, corregirla y trabajar con otras personas.
Para los jóvenes de San Martín de los Andes, el desafío en Corea fue también una oportunidad para descubrir otras formas de aprender y de resolver problemas. Compartir una pista con representantes de numerosos países les permitió observar distintas estrategias, conocer otras culturas y comprobar cómo los conocimientos desarrollados en sus escuelas pueden ponerse a prueba en un escenario global.
Herederos de Turing regresó con una experiencia que excede la tabla de posiciones. Su participación mostró el recorrido que puede comenzar en una escuela pública de la Patagonia y llegar hasta una competencia internacional de robótica. El siguiente paso será aprovechar ese aprendizaje, transmitirlo a otros jóvenes y sostener las condiciones para que más estudiantes puedan desarrollar sus capacidades científicas y tecnológicas.
En un mundo donde la innovación ocupa un lugar cada vez más importante, el talento necesita oportunidades para crecer. Los estudiantes neuquinos llevaron sus conocimientos a Corea del Sur y volvieron con nuevas herramientas, vínculos y desafíos. Su experiencia deja una señal concreta: la educación técnica puede abrir puertas al mundo cuando el trabajo en el aula encuentra apoyo, continuidad y posibilidades reales de desarrollo.