Independizarse en Argentina, una meta cada vez más difícil para los jóvenes

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El encarecimiento de los alquileres y los servicios, la pérdida del poder adquisitivo y la precariedad laboral retrasan la salida del hogar familiar. Según un informe de Analytica, apenas el 22,2% de los jóvenes de entre 18 y 29 años vivía de manera independiente en el primer trimestre de 2026.

Para muchos jóvenes argentinos, independizarse dejó de ser simplemente una cuestión de encontrar un lugar propio y organizar una nueva etapa de la vida. Hoy, dar ese paso exige hacer cuentas, calcular cuánto queda después de pagar el alquiler y los servicios, y preguntarse si el ingreso alcanzará hasta fin de mes. En un contexto de empleos inestables y salarios que pierden capacidad de compra, la autonomía residencial se convirtió en una meta cada vez más difícil de alcanzar.

Un informe de la consultora Analytica refleja la dimensión del problema. En el primer trimestre de 2026, apenas el 22,2% de los jóvenes de entre 18 y 29 años vivía en un hogar propio sin sus padres o suegros. Si se deja de lado el mismo período de 2025, se trata del nivel más bajo desde 2021.

La tendencia también aparece cuando se observa el promedio de los últimos cuatro trimestres. La proporción de jóvenes que vivían de manera independiente pasó del 26% en el segundo trimestre de 2023 al 23,3% en la medición más reciente. Sobre una población de 5,3 millones de jóvenes en los principales aglomerados urbanos, la diferencia equivale a unos 140.000 jóvenes menos viviendo fuera del hogar familiar.

Detrás de esas cifras hay una transformación que atraviesa la vida cotidiana. Trabajar o estudiar ya no garantiza la posibilidad de alquilar una vivienda y sostener los gastos básicos. La independencia depende cada vez más de contar con ingresos suficientes, estabilidad laboral y alguna capacidad de ahorro, condiciones que no están al alcance de buena parte de quienes comienzan su trayectoria profesional.

Uno de los factores centrales es el costo de la vivienda. La canasta de gastos elaborada por Analytica para representar el consumo de un joven que vive solo aumentó un 387,9% desde noviembre de 2023, por encima de la inflación general acumulada durante el mismo período.

La diferencia se explica, en parte, por la estructura de gastos de quienes viven sin otros integrantes del hogar. El rubro de vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles representa el 26,6% de su presupuesto, casi el doble del peso que tiene en la canasta general, donde alcanza el 13,5%.

Ese componente también fue el que más se encareció dentro de la medición: registró un aumento del 637,9% desde noviembre de 2023. Alquileres y servicios básicos absorben así una porción creciente de los ingresos disponibles, reduciendo el margen para afrontar otros gastos, ahorrar o responder ante un imprevisto.

La situación muestra una dificultad particular para quienes recién empiezan a trabajar. Mientras los ingresos todavía son bajos, deben enfrentar gastos fijos similares a los de personas con trayectorias laborales más extensas. El alquiler no se adapta al salario de quien acaba de conseguir su primer empleo y las facturas de los servicios llegan todos los meses, independientemente de cuánto haya ganado esa persona.

La evolución de los precios también ayuda a explicar el retroceso de la emancipación. Según los datos analizados por la consultora, entre 2021 y noviembre de 2023 la proporción de jóvenes independientes había mostrado una recuperación, en un período en el que los servicios aumentaron menos que la inflación general. Desde entonces, la relación se invirtió: los servicios acumularon una suba del 617,7%, frente al 351,9% del nivel general utilizado en la comparación.

Pero el problema no termina en el costo de la vivienda. El mercado laboral presenta obstáculos adicionales para una generación que necesita ingresos estables para asumir compromisos de largo plazo.

La tasa de desempleo entre los jóvenes alcanza el 15%, frente al 6% registrado entre las personas de 30 a 49 años. Además, el desempleo no refleja a quienes dejaron de buscar trabajo y, por lo tanto, ya no aparecen dentro de las estadísticas de desocupación. La falta de oportunidades puede traducirse tanto en períodos sin empleo como en la aceptación de trabajos que ofrecen pocas garantías.

Los indicadores de formalidad muestran otra diferencia importante. Solo el 38,3% de los ocupados de hasta 29 años tiene un empleo registrado, una proporción que cayó 5,3 puntos porcentuales en un año. Entre los trabajadores mayores de 30 años, la formalidad alcanza el 60,6%.

Desde 2023, además, los asalariados jóvenes registrados disminuyeron un 14,7%, una caída cercana al triple de la observada en el conjunto de los trabajadores. El retroceso fue especialmente marcado en la construcción, con una reducción del 29,2% del empleo joven, seguida por las actividades administrativas y la industria.

La calidad del trabajo también influye en los ingresos. Según Analytica, los jóvenes que trabajan por cuenta propia ganan, en promedio, un 51,4% menos que los asalariados registrados de su misma edad. Incluso quienes conservaron un empleo formal sufrieron una pérdida: su salario real cayó un 9,1% respecto de 2023 cuando se mide con la canasta específica para jóvenes. Para el promedio de los trabajadores, la disminución calculada fue del 1,1%.

La combinación de alquileres elevados, ingresos insuficientes e inestabilidad laboral obliga a postergar decisiones personales. Mudarse solo, compartir un departamento, estudiar en otra ciudad o planificar un proyecto familiar requiere recursos que muchos jóvenes todavía no consiguen reunir.

La dependencia económica también aparece en el endeudamiento. Los datos del Banco Central citados en el informe indican que, al cierre de julio, el 39,1% de los deudores de entre 18 y 30 años registraba algún atraso en sus pagos, frente al 28,3% del total de los deudores. La mora puede dificultar el acceso futuro al crédito y prolongar las restricciones financieras de quienes recién comienzan a construir su propia economía.

El informe también advierte sobre el crecimiento de las apuestas en línea como parte de un escenario de vulnerabilidad económica. La consultora señala que pueden presentarse como una salida rápida frente a la falta de oportunidades, aunque no constituyen una solución a los problemas de ingresos y pueden profundizar las dificultades financieras.

El deterioro económico tiene, además, una dimensión política. En julio, los jóvenes fueron el grupo con menor confianza en el Gobierno de Javier Milei, según el índice de confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella. En agosto recuperaron el primer lugar entre los grupos medidos, pero la consultora destacó que la confianza había caído un 19% desde diciembre de 2023.

Los datos no permiten reducir la situación de toda una generación a una sola explicación. Las decisiones de emancipación también dependen de los vínculos familiares, los proyectos personales y las posibilidades de estudiar o trabajar en distintas ciudades. Vivir con los padres puede representar una fuente de apoyo y una elección conveniente para algunas personas. Sin embargo, cuando la permanencia se prolonga por la imposibilidad de afrontar los gastos de una vivienda, deja de ser una decisión completamente libre.

La discusión, entonces, va más allá de cuándo se muda una persona. También involucra las condiciones necesarias para que estudiar, trabajar y desarrollar un proyecto propio sean objetivos compatibles. La autonomía requiere oportunidades laborales, ingresos que permitan cubrir las necesidades básicas y un mercado habitacional al que sea posible acceder sin comprometer prácticamente todo el presupuesto.

En una sociedad donde la independencia suele asociarse con el comienzo de la vida adulta, la dificultad para alcanzarla expone una contradicción: los jóvenes reciben la expectativa de construir su futuro, pero encuentran cada vez más obstáculos económicos para hacerlo.

La distancia entre el deseo y las posibilidades materiales se convierte así en uno de los desafíos sociales de la Argentina. Mientras el costo de vivir por cuenta propia avance más rápido que la capacidad de los ingresos para sostenerlo, miles de jóvenes seguirán postergando una decisión que no depende solamente de sus ganas de independizarse, sino también de las oportunidades que ofrece el país.