Una calabaza de 1.431 kilos rompió una barrera que parecía imposible

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El estadounidense Ron Wallace cultivó el ejemplar más pesado registrado hasta ahora, con 1.431,5 kilos. La marca superó por primera vez las 3.000 libras y llegó apenas una semana después de otro récord mundial.

Hay récords que se superan por centímetros y otros que obligan a cambiar la escala. En Rhode Island, Estados Unidos, una calabaza de más de 1,4 toneladas llevó el cultivo de hortalizas gigantes a una dimensión inédita: por primera vez, un ejemplar superó oficialmente las 3.000 libras, equivalentes a unos 1.361 kilos.

El responsable de la hazaña es Ron Wallace, un cultivador de 60 años que consiguió un peso de 1.431,5 kilogramos. La calabaza fue presentada el 10 de octubre de 2026 durante el concurso Southern New England Giant Pumpkin Weigh Off, realizado en la granja Frerichs, en la localidad de Warren. La marca fue verificada por la Great Pumpkin Commonwealth y reconocida por Guinness World Records.

El resultado no solo estableció un nuevo récord mundial: también dejó atrás una marca que había durado apenas siete días. El 3 de octubre, el británico Ian Paton había presentado una calabaza de 1.295,8 kilos en una competencia celebrada en Berkshire, Inglaterra. Su ejemplar había conseguido superar el registro anterior, pero la respuesta estadounidense llegó casi de inmediato.

La sucesión de récords resulta extraordinaria en una disciplina donde pueden pasar años sin que aparezca una calabaza capaz de superar a la anterior. Según los registros históricos de Guinness, un antecedente comparable ocurrió en octubre de 1999, cuando el récord se estableció dos veces durante una misma jornada.

Wallace no es un recién llegado a este mundo. Lleva más de tres décadas dedicado al cultivo de calabazas gigantes y ya había conseguido marcas históricas en dos oportunidades. En 2006 cultivó un ejemplar de 681,3 kilos, el primero en superar oficialmente las 1.500 libras. Seis años después, en 2012, volvió a hacer historia con una calabaza de 911,27 kilos, que cruzó por primera vez el umbral de las 2.000 libras.

Su nueva conquista representa un salto todavía mayor. La diferencia con el ejemplar británico que había establecido el récord una semana antes fue de 135,7 kilos, un peso que ilustra la magnitud del avance en una competencia donde cada temporada se ponen a prueba nuevas técnicas de cultivo.

Detrás de semejante tamaño no hay un crecimiento espontáneo ni una semilla milagrosa. La producción de estas calabazas requiere un seguimiento constante de las plantas, control de las condiciones ambientales y una selección cuidadosa de las semillas. Wallace explicó que en 2026 trabajó por primera vez con un invernadero y que las condiciones favorables de la temporada contribuyeron al resultado.

El cultivador también destacó el valor de incorporar métodos más científicos. Después de varios años en los que no había conseguido los resultados esperados, ajustó su estrategia y continuó perfeccionando sus técnicas. La nueva marca fue, en ese sentido, la culminación de un proceso de aprendizaje que combinó experiencia, observación y experimentación.

El cultivo de calabazas gigantes tiene una comunidad internacional en la que los productores comparten conocimientos, semillas y procedimientos. Aunque los concursos terminan con un ganador, buena parte del progreso depende de esa circulación de experiencias: cada ejemplar excepcional ofrece información que otros cultivadores pueden aprovechar en temporadas futuras.

La competencia también muestra que el tamaño puede medirse de distintas maneras. Wallace obtuvo el récord por peso, pero eso no significa que su calabaza sea la más grande en todas las categorías. En 2025, Ian y Stuart Paton habían registrado una circunferencia de 649,8 centímetros, una marca que se mantiene como referencia independiente del peso.

La diferencia es importante porque una calabaza puede destacarse por su volumen, su perímetro o su masa, y esas características no siempre evolucionan de la misma manera. En el universo de los cultivos gigantes, cada cifra cuenta una parte distinta de la historia.

La hazaña de Wallace también tiene una dimensión simbólica. Su recorrido muestra cómo una actividad vinculada con la agricultura tradicional puede convertirse en un campo de experimentación donde se combinan paciencia, conocimiento técnico y competencia internacional. Lo que comienza con una planta en crecimiento termina convertido en un desafío que exige meses de trabajo y una atención minuciosa.

Por ahora, la calabaza de Rhode Island ocupa el primer lugar entre los ejemplares más pesados registrados oficialmente. El récord no garantiza que vaya a mantenerse durante mucho tiempo, como demuestra la rapidez con la que cambió de manos durante octubre de 2026.

La naturaleza todavía conserva márgenes que sorprenden incluso a quienes llevan décadas estudiándola y cultivándola. En este caso, la diferencia entre lo que parecía posible y lo que terminó ocurriendo se mide en cientos de kilos.

Y aunque una calabaza de más de una tonelada parezca una rareza destinada únicamente a las ferias agrícolas, detrás de ella hay una historia de innovación, dedicación y conocimiento compartido. Wallace no solo consiguió una hortaliza descomunal: empujó un poco más lejos el límite de lo que los cultivadores creían que podían alcanzar.