Kirchnerismo duro sin poder político: Milei usa el estado para enriquecerse

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El gobierno de Milei pasa de criticar la casta a intentar comprar empresas y medios. Fondos reservados y escraches, sin poder real.

El gobierno de Javier Milei, conocido por sus críticas a la «casta», ahora utiliza el poder del Estado para enriquecerse, siguiendo el viejo truco político de aprovechar la maquinaria estatal para beneficios personales. A pesar de la retórica libertaria, la administración de Milei ha emprendido movimientos reminiscentes del kirchnerismo duro.

El director del diario Clarín, Ricardo Kirschbaum, informó que Rodrigo Lugones, socio y ex jefe de Santiago Caputo, está intentando comprar Telefónica de Argentina junto al empresario Marcelo Figoli y la empresa francesa Orange. También están en negociaciones para adquirir el canal América. Aunque Figoli ha negado estas afirmaciones, el contexto evoca la era de Néstor Kirchner, con operaciones cuestionables y uso de influencias.

Además, el gobierno de Milei está involucrado en la venta de los pozos convencionales de YPF, justificando la medida con un enfoque en Vaca Muerta. Este movimiento ha atraído a figuras históricas como Cristóbal López, quien negocia la adquisición de pozos en Neuquén. La familia Caputo también está luchando por controlar la Secretaría de Energía, apalancados por influencias familiares y conexiones con antiguos operadores de corrupción.

Milei y su entorno controlan YPF a través de Guillermo Garat, y han inyectado más fondos reservados en la SIDE. Están tratando de entrar en telecomunicaciones, medios y financiando ejércitos de trolls y medios de streaming, en una estrategia de expansión y control.

La política del gobierno se caracteriza por el uso del poder estatal, información de inteligencia y escraches para impulsar negocios privados. Santiago Caputo, asesor de Milei, ha negociado con el senador entrerriano Edgardo Kueider para asegurar votos clave, ofreciendo puestos en delegaciones de ANSES, PAMI y la represa Salto Grande, y la presidencia de la Bicameral de Inteligencia, que debería supervisar a los servicios de inteligencia que él controla.

En contraste con presidentes peronistas como Menem y Kirchner, que acumulaban poder mediante crecimiento económico y mejoras del poder adquisitivo, la administración de Milei carece de un verdadero poder político. Su estrategia de emular el estilo de liderazgo de estos presidentes sin el respaldo de un crecimiento económico sostenible puede llevar a una rápida pérdida de apoyo.

La contradicción entre el relato anti casta y las acciones de Milei genera tensiones en la sociedad. La respuesta más inmediata a esta disonancia se encuentra en la economía real. Si la economía no se recupera, el poder de Milei podría desvanecerse tan rápidamente como el de Menem en su segundo mandato, cuando la recesión golpeó.