La mora volvió a subir y ya alcanza a casi 6 millones de personas

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Después de una pausa en junio, la morosidad del crédito privado volvió a crecer en julio. La irregularidad llegó al 7,73%, mientras que entre las familias trepó al 12,94%. En dos años, la cantidad de personas en mora pasó de 2,3 millones a 5,9 millones.

La pausa duró apenas un mes. Después del alivio que produjo el pago del medio aguinaldo en junio, la morosidad volvió a aumentar en julio y retomó la tendencia ascendente que había marcado los últimos meses. Según un informe de la consultora 1816 elaborado a partir de datos de la Central de Deudores del Banco Central, la irregularidad del crédito privado pasó del 7,63% al 7,73%.

Entre las familias, el deterioro fue todavía mayor: la mora pasó del 12,77% al 12,94%. En las empresas también aumentó, aunque desde un nivel bastante menor, del 3,50% al 3,61%. El dato muestra que las dificultades para cumplir con las obligaciones financieras siguen extendiéndose, especialmente entre los hogares.

El retroceso de junio había estado relacionado con el ingreso extraordinario del medio aguinaldo y con el fuerte crecimiento de las refinanciaciones. Para muchas familias, ese dinero permitió cancelar parte de sus obligaciones o modificar las condiciones de pago. Pero ese alivio fue transitorio y en julio la morosidad volvió a crecer.

En el caso de los hogares, el aumento de la mora no significa necesariamente que las deudas vencidas hayan crecido en la misma proporción. El saldo de los créditos en mora prácticamente no se modificó respecto de junio, pero el volumen total de financiamiento se redujo en términos reales. Al disminuir el crédito disponible mientras las deudas irregulares permanecen relativamente estables, el porcentaje de mora aumenta.

El fenómeno alcanza a una parte importante del sistema financiero. La irregularidad aumentó en 23 de las 30 principales entidades por volumen de crédito destinado a hogares. Al mismo tiempo, continuaron creciendo las refinanciaciones, que ya representan el 3,7% del crédito total a las familias y el 0,8% del correspondiente a las empresas.

Pero refinanciar una deuda no significa que la mora desaparezca inmediatamente. Las normas del Banco Central establecen períodos de cumplimiento antes de que una persona pueda mejorar su clasificación crediticia. Dependiendo del nivel de atraso previo, el proceso puede extenderse durante varios meses.

Mientras tanto, el mercado de crédito también cambió. Las entidades no bancarias, como billeteras virtuales, financieras de consumo y tarjetas regionales, incorporaron muchos más deudores que los bancos. Entre julio de 2024 y junio de 2026, la cantidad de personas endeudadas con estas entidades aumentó un 59%, frente a un crecimiento del 16% entre los deudores bancarios.

El universo de personas con deuda en entidades no bancarias pasó de 8,5 millones a 13,5 millones. Aunque los bancos concentran la mayor parte del dinero prestado, las entidades no bancarias alcanzan a una cantidad mucho mayor de personas.

También aumentó con fuerza la cantidad de personas que combinan ambos tipos de financiamiento. Los deudores que tienen obligaciones tanto con bancos como con entidades no bancarias crecieron un 68%, de 4,3 millones a 7,2 millones. Ese grupo pasó además de concentrar el 40% de la deuda familiar al 58%.

La diferencia también aparece al observar la mora. Por cada $100 adeudados por personas que solamente tienen créditos bancarios, $8 están en situación irregular. Entre quienes combinan deuda bancaria y no bancaria, la proporción sube a $23. Entre quienes solamente tienen deuda fuera de los bancos, llega a $34.

En los últimos dos años, además, la cantidad de personas registradas en situación de mora pasó de 2,3 millones a 5,9 millones. Casi 5,7 millones registraron su primera mora durante ese período, y seis de cada diez de esos nuevos casos comenzaron en entidades no bancarias.

El problema excede incluso los registros del sistema financiero. Un relevamiento del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas señaló que el 92,3% de los hogares tiene algún tipo de deuda. Cerca de la mitad de esas obligaciones no aparece en los registros del Banco Central: allí entran alquileres, servicios, impuestos, expensas, compras fiadas y préstamos entre familiares o conocidos.

La composición del endeudamiento también muestra un cambio importante. Las tarjetas de crédito son utilizadas cada vez más para afrontar gastos cotidianos: el 62,5% de las compras realizadas con tarjeta corresponde a alimentos.

Cuando el crédito se utiliza para financiar una vivienda, un vehículo o una inversión, puede funcionar como una herramienta para adelantar una decisión de consumo. Pero cuando comienza a utilizarse para comprar comida o pagar gastos básicos, aparece una señal diferente: el ingreso corriente ya no alcanza para cubrir todas las necesidades del hogar.

El endeudamiento empieza entonces a funcionar como un puente entre el salario y el costo de vida.

El problema es que ese puente también tiene que pagarse.

El 28,4% de los hogares endeudados acumula más de tres obligaciones, mientras que los hogares con una sola deuda pasaron de representar el 35% en 2024 al 10,8% en agosto de 2026. La multiplicación de créditos, tarjetas, refinanciaciones y compromisos fuera del sistema bancario muestra una economía doméstica cada vez más apoyada en el financiamiento.

La evolución de la mora será, por eso, uno de los indicadores a seguir durante los próximos meses. Las refinanciaciones pueden ayudar a contener el problema si las familias logran cumplir con las nuevas condiciones. Pero si los ingresos no alcanzan para sostener las cuotas, la deuda simplemente puede cambiar de fecha sin desaparecer.

El dato de julio no cuenta toda la historia, pero sí deja una señal clara: el alivio de junio no alcanzó para revertir la tendencia.

La mora volvió a subir, casi 6 millones de personas ya aparecen en situación irregular y cada vez más hogares combinan distintas fuentes de crédito para sostener sus gastos. Detrás de las cifras financieras aparece una realidad más profunda: cuando endeudarse se convierte en una forma de llegar a fin de mes, el problema ya no es solamente cuánto deben las familias, sino cuánto les alcanza el ingreso para vivir.