La pobreza volvió a subir y reabre el debate sobre cómo se mide

En este momento estás viendo La pobreza volvió a subir y reabre el debate sobre cómo se mide

El 32,3% de la población quedó por debajo de la línea de pobreza durante el primer semestre de 2026, mientras que la indigencia alcanzó el 7,5%. El dato oficial volvió a poner en discusión no solo la evolución de los ingresos, sino también qué condiciones deben considerarse para medir las carencias de una sociedad.

La pobreza volvió a aumentar durante el primer semestre de 2026. Según el INDEC, el 32,3% de la población quedó por debajo de la línea de pobreza, frente al 28,2% registrado durante el segundo semestre de 2025. La indigencia también avanzó: pasó del 6,3% al 7,5%.

El número equivale, al extrapolar la muestra oficial al total del país, a más de 15 millones de personas en situación de pobreza y alrededor de 3,5 millones de personas en situación de indigencia. La medición no es solamente una fotografía de los ingresos: también abre una discusión sobre qué tan cerca o lejos está una familia de poder cubrir sus necesidades básicas.

Uno de los conceptos que permite observar esa distancia es la brecha de pobreza. Durante el primer semestre, llegó al 35,9%. El ingreso familiar promedio de los hogares pobres fue de $922.755, mientras que la Canasta Básica Total utilizada como referencia alcanzó los $1.440.395. La diferencia promedio fue de $517.640.

La metodología utilizada para calcular la pobreza también forma parte del debate. Algunos especialistas cuestionan que las pautas de consumo utilizadas como referencia no estén actualizadas y plantean modificaciones relacionadas con los ingresos de los trabajadores informales y el costo de la vivienda, especialmente para los hogares que alquilan.

Eso no significa que exista consenso sobre una supuesta manipulación actual de las estadísticas oficiales. Chequeado señaló que existen aspectos discutibles y mejorables en el cálculo, pero recogió la opinión de especialistas que descartan que haya una manipulación deliberada de los datos del INDEC.

La discusión tiene además un antecedente político. Durante el gobierno de Mauricio Macri se modificó la metodología utilizada para medir la pobreza. Un estudio de CIFRA-CTA reconstruyó series homogéneas y mostró que, para el segundo trimestre de 2015, la misma situación podía arrojar un 19,3% con la metodología anterior y un 30,5% con la nueva.

Sin embargo, una cuestión importante es que la continuidad de esa metodología permite comparar la evolución reciente dentro de un mismo marco estadístico. Por eso, más allá de las discusiones sobre el nivel exacto del indicador, el aumento desde el 28,2% hasta el 32,3% representa un deterioro dentro de la propia serie oficial.

Hay otra forma de mirar la pobreza que permite escapar de una cifra única. La pobreza multidimensional incorpora condiciones vinculadas con la vivienda, la salud, la educación, el empleo y la protección previsional. En ese enfoque, una persona puede encontrarse por encima del umbral monetario y, al mismo tiempo, atravesar otras privaciones que afectan de manera concreta su calidad de vida.

Algo similar ocurre con las Necesidades Básicas Insatisfechas. El último dato oficial disponible, correspondiente al Censo 2022, indicó que el 6,7% de los hogares argentinos presentaba al menos una de esas necesidades, mientras que allí vivía el 9,4% de la población. Se trata de una medición diferente a la pobreza monetaria y, por eso, permite observar otra parte de la realidad social.

El dato actual también vuelve a poner en discusión el concepto de quienes quedan apenas por encima de la línea de pobreza. Una familia puede superar por una pequeña cantidad el valor establecido por la canasta y pasar estadísticamente a ser considerada “no pobre”, aunque sus condiciones materiales sean muy similares a las de otra que quedó apenas por debajo del límite. El indicador necesita un umbral para funcionar, pero la vida cotidiana no cambia de categoría de un día para otro.

Por eso, la discusión sobre la pobreza no se reduce a determinar si una persona está unos pesos arriba o abajo de una línea. También implica observar cuánto puede comprar con sus ingresos, qué servicios debe pagar, qué calidad tiene su vivienda, si puede acceder a educación y salud y cuánto margen tiene una familia para enfrentar un aumento inesperado de sus gastos.

El 32,3% informado para el primer semestre vuelve a colocar esas preguntas en el centro de la discusión económica argentina. La cifra oficial permite seguir una tendencia y comparar períodos, mientras que las mediciones alternativas y los indicadores multidimensionales ayudan a observar dimensiones que una sola canasta no puede capturar. En un país donde millones de personas siguen dependiendo de que los ingresos alcancen hasta fin de mes, medir la pobreza también significa decidir qué aspectos de esa realidad se hacen visibles.