Las amenazas en escuelas ya dejaron de parecer una broma pesada

En este momento estás viendo Las amenazas en escuelas ya dejaron de parecer una broma pesada
  • Categoría de la entrada:Actualidad / Argentina
  • Tiempo de lectura:2 minutos de lectura

El secuestro de un revólver, una navaja y dispositivos electrónicos tras amenazas en cuatro colegios porteños volvió a encender una alarma que crece en silencio. Lo que antes parecía un episodio aislado empieza a convertirse en una señal más profunda sobre el clima que atraviesa a las aulas.

La escuela solía ser un lugar previsible.

Una rutina.

Un espacio donde lo inesperado debía quedar afuera.

Pero en los últimos días, en la Ciudad de Buenos Aires, esa frontera empezó a correrse.

En cuatro establecimientos educativos distintos, la Policía secuestró un revólver, una réplica de arma, una navaja y varios dispositivos electrónicos luego de una serie de amenazas realizadas por adolescentes que pusieron en marcha protocolos de emergencia.

Los episodios ocurrieron en distintos barrios porteños.

Y en distintos contextos.

En algunos casos, alumnos mostraron imágenes de armas.

En otros, llevaron objetos punzantes al aula.

También hubo publicaciones en redes sociales que obligaron a intervenir a la Justicia y a los equipos de seguridad escolar.

Entre los colegios alcanzados por la preocupación aparecen instituciones de distintos perfiles.

Desde el Champagnat hasta la Técnica Raggio, pasando por otros establecimientos donde la inquietud ya dejó de ser una noticia lejana.

La sucesión de hechos inquieta por una razón evidente.

No se trata de un caso.

Se trata de una repetición.

Y cuando una amenaza empieza a repetirse, deja de ser una excepción.

Empieza a volverse síntoma.

Las autoridades porteñas reforzaron protocolos y buscan detectar con mayor rapidez situaciones de riesgo dentro de las escuelas.

Pero el problema parece ir más allá de la seguridad.

Lo que empieza a discutirse es qué está pasando con una generación que muchas veces transforma la angustia en amenaza, y la violencia en lenguaje cotidiano.

Las redes sociales amplifican ese fenómeno.

Lo vuelven viral.

Lo contagian.

Lo convierten en una escena que puede replicarse de una escuela a otra con una velocidad que antes no existía.

Y detrás de cada mensaje aparece la misma pregunta.

Cuánto de ese miedo es actuación.

Y cuánto empieza a ser real.

Las armas secuestradas son parte de una investigación.

Pero también son otra cosa.

Un reflejo incómodo.

Porque cuando el miedo logra entrar en una mochila escolar, el problema ya no pertenece solamente a una escuela.

Empieza a hablar de una sociedad entera.