Mala Palabra, una librería en Ministro González 63, en el centro de Neuquén, ha visto una disminución significativa en sus ventas, con clientes comprando menos libros que antes. Para hacer frente a esta situación, la librería ha implementado una estrategia innovadora: comprar y vender libros usados, ofreciendo a los lectores la oportunidad de encontrar “joyitas” literarias por tan solo 1000 pesos.
La crisis económica ha afectado severamente a la librería Mala Palabra, que ha registrado una caída del 30% en sus ventas. Los clientes, que antes adquirían dos o tres libros por visita, ahora se limitan a comprar solo uno. Frente a este desafío, Diego, uno de los dueños, explicó que decidieron «permeabilizar la crisis» mediante la compra y venta de libros usados, ofreciendo una alternativa más económica a los libros nuevos.
La idea surgió al notar que tenían material usado pendiente de clasificar. Decidieron poner estos libros a disposición de los clientes, algunos con precios tan bajos como 1000 pesos. Además de esta oferta, Mala Palabra también presenta promociones en ediciones nuevas, como las de Siglo XXI.
La propuesta no solo busca generar ingresos, sino también fomentar un intercambio activo con los clientes. Según Diego, muchos clientes han comenzado a ofrecer libros que ya no van a leer, enviando fotos de los mismos para que la librería seleccione los adecuados. También están abiertos a realizar pequeños canjes.
Los libros usados se distribuyen en diferentes secciones según su precio, con una categoría destacada de libros a 1000 pesos, otra a 3000 pesos, y una estantería con precios accesibles. Diego destaca que en estas ofertas es posible encontrar verdaderas «joyitas».
A pesar de la disminución en ventas, Mala Palabra mantiene una clientela fiel que sigue buscando libros, aunque en menor cantidad. La iniciativa ha tenido una respuesta positiva de la comunidad, con un aumento en la cantidad de personas que se acercan a la sección de usados, incluidos nuevos clientes que antes no consideraban esta opción.
Diego concluye que esta estrategia no solo ayuda a mantener el hábito de lectura, sino que también promueve la circulación de libros, adaptándose a las condiciones económicas actuales. «Hay que buscarle la vuelta para seguir leyendo», afirma, destacando la importancia de mantener viva la pasión por la lectura incluso en tiempos difíciles.