La municipalidad aseguró que la presencia de limpiavidrios cayó de forma drástica tras la nueva ordenanza que prohíbe la actividad. Desde esta semana comienzan a aplicarse multas tanto a quienes trabajan en las esquinas como a automovilistas que acepten el servicio.
La escena cambió rápido.
En muchos semáforos de Neuquén donde hasta hace pocos días había trapos, botellas con agua y movimientos apurados entre autos, ahora queda otra imagen: esquinas vacías.
La Municipalidad celebró una “reducción drástica” de limpiavidrios en la ciudad luego de la entrada en vigencia de la Ordenanza 15.118, que prohíbe esta actividad en la vía pública.
Según datos oficiales, antes de la implementación se habían relevado 97 personas distribuidas entre 11 y 20 puntos de la capital neuquina. Pero tras los primeros operativos y notificaciones, la presencia cayó de manera acelerada.
El municipio asegura que hubo una etapa inicial de concientización.
Ahora empieza otra fase.
La de las sanciones.
Desde esta semana comenzarán a aplicarse multas que pueden llegar a los 350 mil pesos para quienes realicen la actividad y superar los 260 mil para automovilistas que acepten o paguen el servicio.
La medida forma parte de una política impulsada por el Ejecutivo municipal con apoyo mayoritario del Concejo Deliberante, bajo el argumento de ordenar el espacio público y mejorar la seguridad vial.
Pero detrás del discurso de orden aparece un debate más complejo.
Porque las esquinas no desaparecen solas.
Y quienes trabajaban allí tampoco.
Desde el municipio sostienen que el operativo incluye acompañamiento social, capacitaciones y articulación con áreas de salud para personas con consumos problemáticos.
Sin embargo, la discusión sigue abierta.
Hasta dónde una política de control puede resolver problemas de exclusión.
Y cuánto de esa presencia en las calles responde a situaciones de vulnerabilidad más profundas.
La propia secretaria de Jefatura de Gabinete, María Pasqualini, reconoció que gran parte de quienes ejercían esta actividad no eran de Neuquén capital y aseguró que se buscará “vincularlos con sus lugares de origen”.
La tensión no es nueva.
En distintas ciudades argentinas crecen ordenanzas similares que mezclan seguridad, convivencia urbana y conflictividad social.
El problema es que muchas veces el debate queda reducido a una sola pregunta: quién puede estar en la calle y bajo qué condiciones.
Neuquén eligió endurecer la regulación.
Con controles, decomisos y multas.
Y aunque el municipio muestra los números como un éxito inmediato, el desafío recién empieza.
Porque retirar personas de una esquina puede ser rápido.
Construir alternativas reales suele llevar mucho más tiempo.