Mucho antes de Apple, una cerámica de Arabia ya tenía algo parecido a una “marca”

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Un estudio arqueológico identificó en piezas fabricadas hace unos 3.200 años una combinación de diseño reconocible, producción centralizada y circulación a cientos de kilómetros, características que los investigadores consideran similares a las de una marca moderna.

Mucho antes de los logotipos, las campañas publicitarias y las grandes empresas globales, algunos productos ya podían distinguirse por su apariencia y por el lugar donde eran fabricados. Un estudio internacional encontró en el noroeste de Arabia Saudita un ejemplo que podría representar una de las primeras formas conocidas de identidad de producto.

La investigación se concentró en Qurayyah, un antiguo oasis donde los alfareros producían cerámicas decoradas en negro y rojo con animales estilizados —como leones, cabras montesas, avestruces y toros— y escenas vinculadas con rituales. Los primeros conjuntos aparecieron hace unos 3.600 años y, aproximadamente cuatro siglos después, el estilo ya tenía características claramente reconocibles.

Los investigadores analizaron las piezas desde distintos ángulos. No se limitaron a observar los dibujos: estudiaron las técnicas de fabricación, los materiales y la composición química de los fragmentos para determinar si diferentes objetos habían sido producidos en el mismo lugar.

Los resultados permitieron identificar una huella química particular en algunas vasijas de Qurayyah. Esa misma composición apareció en fragmentos encontrados a unos 130 kilómetros del oasis, en Tell el-Kheleifeh, y también en piezas procedentes de Timna. El hallazgo aporta evidencia de que parte de esta cerámica salió de su lugar de origen y circuló por otras regiones.

La comparación con otros yacimientos también dejó una pista interesante. En Pella, en la actual Jordania, aparecieron piezas visualmente muy parecidas, pero los análisis indicaron que no habían sido fabricadas en Qurayyah. Es decir, el estilo podía ser imitado sin que eso significara compartir el mismo origen.

Para los arqueólogos, esa combinación de una identidad visual reconocible, una producción relativamente centralizada, continuidad en las técnicas, distribución fuera del lugar de origen e incluso posibles imitaciones permite hablar de una forma temprana de “marca”. No se trata, desde luego, de marketing en el sentido moderno, sino de un producto que podía ser reconocido y valorado por sus características particulares.

El estudio también tiene sus límites. Solo una pequeña cantidad de fragmentos encontrados fuera de Qurayyah coincidió químicamente con la producción del oasis, por lo que todavía no es posible reconstruir con precisión toda la red comercial. Los investigadores planean ampliar los análisis a otros sitios arqueológicos.

Tres milenios antes de que una manzana mordida se convirtiera en uno de los símbolos más reconocibles del planeta, aquellos alfareros ya habían descubierto algo esencial: que un objeto puede contar de dónde viene sin necesidad de llevar escrito su nombre. A veces alcanza con una forma, unos colores y una historia que se repite hasta volverse reconocible.