La participación creciente de mujeres en servicios de transporte como Uber y remises en Neuquén desafía estereotipos, aporta seguridad y genera un impacto social positivo.
En las calles de Neuquén, una tendencia silenciosa pero poderosa comienza a tomar fuerza: cada vez son más las mujeres que se animan a ponerse al volante de plataformas como Uber o remises tradicionales. Este fenómeno, que hasta hace poco era marginal, empieza a visibilizarse no sólo como una opción laboral viable, sino como una reconfiguración del espacio público y los vínculos urbanos.
Según datos recientes, la proporción de mujeres conductoras creció significativamente en los últimos dos años, tanto en el sector informal como en los registros oficiales. Las razones son múltiples: desde la necesidad económica en un contexto de crisis, hasta la búsqueda de autonomía, horarios flexibles y, en muchos casos, la posibilidad de ofrecer un servicio percibido como más seguro para otras mujeres. Porque sí, una parte importante de las usuarias de estas plataformas eligen viajar con conductoras por sentirse más cómodas y protegidas.
El testimonio de varias trabajadoras del volante neuquinas destaca la satisfacción de manejar su propio tiempo y el valor de ofrecer una alternativa distinta. “Muchas pasajeras me cuentan que se sienten tranquilas viajando conmigo”, dice Lorena, que maneja su auto hace seis meses en Uber. “Hay menos tensión, más confianza”.
Desde el otro lado, también hay desafíos. Algunas conductoras denuncian episodios de discriminación, acoso o incluso resistencia de ciertos pasajeros varones. Sin embargo, coinciden en que la experiencia global es positiva, y que la presencia femenina en este rubro genera un cambio de percepción en la ciudadanía. En una ciudad donde la violencia de género sigue siendo una preocupación diaria, cada espacio ganado por las mujeres en las calles también es un acto de resistencia.
El fenómeno, por supuesto, no es exclusivo de Neuquén. En distintas ciudades de Argentina y América Latina se replican experiencias similares, e incluso algunas plataformas como DiDi o Cabify ya promueven activamente el registro de mujeres conductoras y viajes entre mujeres. Pero que ocurra aquí, en una capital patagónica atravesada por contrastes sociales y tensiones territoriales, tiene un valor simbólico adicional.
Lo que está en juego no es solo un nuevo nicho de empleo, sino una transformación cultural que interpela los roles de género y la forma en que nos movemos por la ciudad. Las neuquinas que manejan no sólo transportan pasajeros. Transportan también una idea de ciudad más segura, más justa y más diversa