Ofelia Campos, una vida entre telares y saberes que se niegan a desaparecer

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La artesana neuquina recibió una Mención Honorífica de la Sociedad Rural Argentina por su trayectoria como tejedora. Desde 1975 trabaja con el telar y durante 36 años enseñó esta técnica a nuevas generaciones, convirtiendo su oficio en una forma de preservar parte de la identidad cultural de Neuquén.

Hay oficios que se aprenden con las manos, pero que en realidad se sostienen con la memoria.

El tejido en telar es uno de ellos. Cada técnica, cada diseño y cada forma de trabajar la fibra guarda conocimientos que pasan de una generación a otra. En Neuquén, Ofelia Campos lleva más de cinco décadas dedicando su vida a mantenerlos vivos.

Por esa trayectoria, la artesana recibió una Mención Honorífica otorgada por la Sociedad Rural Argentina durante la 54ª Exposición y Feria de Artesanías Tradicionales Argentinas de Palermo. El reconocimiento destacó sus años de trabajo y, especialmente, su aporte a la transmisión de saberes vinculados con el tejido en telar.

Ofelia comenzó su recorrido en 1975. Desde entonces se especializó en el tejido en telar y en la elaboración de fajas, dos prácticas que se convirtieron en parte fundamental de su identidad como artesana.

Pero su trabajo nunca quedó limitado a producir piezas.

Durante 36 años enseñó a otras personas a utilizar el telar. Muchas mujeres y jóvenes aprendieron con ella una técnica que, sin esa transmisión, correría el riesgo de perderse con el paso del tiempo.

Ahí está quizás la dimensión más importante de su trayectoria.

Una artesana no solamente conserva una tradición cuando continúa practicándola. También la conserva cuando la comparte.

El conocimiento deja de pertenecer exclusivamente a quien lo aprendió y comienza a formar parte de una comunidad.

Ofelia también llevó el nombre de Neuquén a distintos encuentros nacionales. Entre sus recuerdos aparece especialmente una participación en Bariloche, donde fue convocada para representar a la provincia junto con artesanos de otros lugares del mundo.

La experiencia familiar también forma parte de esa historia.

Sus hijas aprendieron a tejer, aunque con el tiempo sus propias actividades y lugares de residencia hicieron más difícil que pudieran dedicarse al oficio. La transmisión, sin embargo, ya había ocurrido: una parte de aquello que Ofelia aprendió y construyó durante décadas había pasado a la siguiente generación.

El homenaje se realizó junto con el reconocimiento a otros artesanos y artesanas neuquinos que fueron distinguidos en la exposición de Palermo.

La distinción entregada a Ofelia tiene, sin embargo, un significado que va más allá de un premio.

Reconoce una vida entera dedicada a una práctica cultural.

En tiempos en los que muchas tradiciones enfrentan el riesgo de quedar relegadas, mantener un oficio también puede ser una forma de resistencia cultural. El telar no es solamente una herramienta: es el punto de encuentro entre una técnica, una historia y una comunidad.

Por eso, cuando Ofelia vuelve a sentarse frente al telar, no solamente está fabricando una pieza.

Está continuando una historia que comenzó mucho antes que ella y que, gracias a décadas de enseñanza, puede seguir después.

Su reconocimiento en Palermo pone esa historia en otro escenario, pero el verdadero valor de su trayectoria está en algo más cercano: en todas las personas que aprendieron de ella y en los saberes que todavía permanecen vivos.

Ofelia Campos recibió una distinción por más de cinco décadas de trabajo, pero su legado no puede medirse solamente en años. También está en las manos que aprendieron de ella, en las piezas que llevan su conocimiento y en una tradición que encontró en su oficio una manera de seguir existiendo.