Sheinbaum plantó bandera en el Zócalo: soberanía, presión externa y un mensaje hacia Washington

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La presidenta mexicana cerró su gira nacional con un acto multitudinario en el corazón de Ciudad de México y reivindicó la soberanía como uno de los ejes de su Gobierno. Sin mencionar directamente a Donald Trump, volvió a marcar un límite frente a cualquier intento de intervención extranjera.

El Zócalo volvió a ser escenario de una escena cargada de simbolismo político. Claudia Sheinbaum cerró este domingo su gira nacional de rendición de cuentas ante una multitud y eligió la soberanía como una de las ideas centrales de su discurso, justo cuando la relación con Estados Unidos atraviesa semanas de presión por la seguridad y el combate al crimen organizado.

“Los mexicanos no queremos injerencias, ni intervencionismo, ni violación a nuestra territorialidad”, afirmó la presidenta, que vinculó ese planteo con la historia de la Independencia y con su interpretación del principio de soberanía: que el destino del país debe ser decidido por su propio pueblo.

El mensaje tuvo una lectura inevitable hacia el norte. Días antes, Donald Trump había vuelto a cuestionar la situación de seguridad en México durante su intervención ante la Asamblea General de Naciones Unidas y había defendido una política más agresiva frente a los carteles, en un discurso que incluyó referencias a la posibilidad de acciones militares contra organizaciones criminales. Sheinbaum no respondió mencionándolo por su nombre, pero la defensa de la soberanía ocupó un lugar central en su intervención.

La posición mexicana busca sostener una fórmula que la presidenta viene repitiendo desde el inicio de su mandato: cooperación con Estados Unidos, pero sin subordinación. Es una diferencia importante en una relación marcada por una frontera compartida, el tráfico de drogas y armas, la migración y una fuerte interdependencia económica.

En el acto, Sheinbaum también reivindicó reformas constitucionales impulsadas durante su Gobierno para reforzar la protección de la soberanía y limitar posibles intervenciones extranjeras. Según explicó, las modificaciones buscan establecer con mayor claridad que cualquier actuación de agentes extranjeros dentro del territorio mexicano debe contar con autorización y colaboración del Estado.

El discurso tuvo además una dimensión interna. La presidenta buscó presentar los primeros dos años de su administración como una etapa de transformación política y social, y convirtió la concentración en el Zócalo en una demostración de respaldo popular. Según sus propias cifras, la gira por los 32 estados reunió cerca de 850.000 personas en distintas asambleas.

En ese sentido, el acto funcionó en dos planos. Hacia afuera, fue una señal de autonomía frente a Washington. Hacia adentro, una puesta en escena de identidad política y de respaldo a la llamada Cuarta Transformación.

México vuelve así a colocar una palabra histórica en el centro de su política: soberanía. En una región acostumbrada a que las relaciones con Estados Unidos estén atravesadas por asimetrías de poder, el desafío para Sheinbaum será sostener ese límite sin romper los canales de cooperación que necesita para enfrentar problemas que, por su propia naturaleza, no conocen fronteras.

La frontera entre ambos países seguirá siendo un espacio de tensión y negociación. Y desde el Zócalo, Sheinbaum dejó claro que, al menos en ese terreno, pretende que la última palabra siga siendo mexicana.