Trump promete un “domo dorado” para defender Estados Unidos: propaganda futurista o delirio imperial

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El expresidente estadounidense lanza un proyecto de defensa nacional que mezcla retórica mesiánica, tecnología espacial y nostalgia de Guerra Fría.

Donald Trump lo hizo otra vez. En su estilo inconfundible —entre el show de televisión y la amenaza geopolítica— el expresidente de Estados Unidos anunció esta semana su intención de construir un sistema de defensa aérea al que denominó, sin matices, “el domo dorado”. El proyecto, según explicó, buscaría proteger el territorio estadounidense de misiles enemigos mediante una cúpula de alta tecnología basada en inteligencia artificial, láseres, drones y satélites de detección temprana.

El anuncio se dio durante un acto de campaña en Texas, donde Trump sigue posicionado como el favorito republicano para las elecciones de 2026. Acompañado por exgenerales y empresarios del sector armamentista, presentó imágenes generadas por IA donde se veían misiles interceptados en el aire por haces de luz, cielos blindados y ciudadanos sonrientes caminando por ciudades protegidas por una “burbuja patriótica de libertad”. La estética, entre cómic Marvel y propaganda militar soviética, no pasó desapercibida.

“Será el escudo de Dios para nuestra gran nación”, afirmó Trump, mientras multitudes aplaudían. La propuesta busca emular y superar al célebre proyecto “Star Wars” lanzado por Ronald Reagan en los años 80, una iniciativa de defensa espacial que nunca se concretó del todo, pero sirvió como motor de gasto militar e intimidación durante la Guerra Fría.

Críticos del Partido Demócrata, científicos y organismos internacionales no tardaron en cuestionar la viabilidad técnica, el costo y el impacto geopolítico de semejante iniciativa. “Es una fantasía cara, peligrosa y profundamente imperialista”, declaró una vocera del Center for Strategic Arms Control. Según estimaciones iniciales, el costo del “domo dorado” superaría los 700.000 millones de dólares en una década.

Más allá del marketing, el anuncio también puede leerse como un mensaje a China, Irán y Rusia, a quienes Trump volvió a mencionar como “potencias hostiles que amenazan la soberanía estadounidense”. La lógica del enemigo externo y la autoprotección absoluta refuerzan su narrativa de fortaleza nacionalista y excepcionalismo norteamericano.

Pero hay algo más inquietante: el uso político de tecnologías emergentes para legitimar discursos de seguridad absoluta. En un mundo donde la IA, los drones y la vigilancia digital se expanden sin regulaciones claras, ¿quién decide qué proteger, de quién, y a qué precio?

El “domo dorado” quizás no se construya nunca. Pero como idea, ya cumple una función: alimentar el miedo, consolidar liderazgos autoritarios y vender la guerra como espectáculo. Y en esa industria, Trump sigue siendo un vendedor imbatible.