El rápido crecimiento de la inteligencia artificial está provocando un impacto ambiental mayor al previsto. Un informe de la aseguradora Allianz Trade sostiene que los centros de datos emiten significativamente más dióxido de carbono de lo calculado hasta ahora y anticipa que, sin una transición hacia energías limpias, su huella climática podría duplicarse antes de 2030.
El avance de la inteligencia artificial no solo está transformando la economía y la tecnología.
También comienza a generar una creciente preocupación por sus efectos sobre el medio ambiente.
Un nuevo informe elaborado por Allianz Trade advierte que los centros de datos que sostienen el funcionamiento de la IA tienen una huella de carbono considerablemente superior a las estimaciones realizadas hasta ahora y consumen enormes cantidades de electricidad y agua.
Según el estudio, estas instalaciones emitieron alrededor de 286 millones de toneladas de dióxido de carbono durante 2025, un 57% más de lo estimado previamente por la Agencia Internacional de la Energía.
El crecimiento acelerado de aplicaciones basadas en inteligencia artificial está impulsando la construcción de nuevos centros de datos en todo el mundo, incrementando la demanda energética de forma sostenida.
Los investigadores calculan que actualmente la IA representa entre el 15% y el 20% del consumo eléctrico de los centros de datos y que esa proporción podría alcanzar el 40% hacia 2030 si continúa el ritmo de expansión observado en los últimos años.
Además del consumo de energía, el informe pone el foco en el uso intensivo de agua para refrigerar los servidores.
Las proyecciones indican que la infraestructura vinculada con la inteligencia artificial podría requerir entre 1,3 y 1,8 billones de litros de agua por año hacia el final de la década, una cifra comparable al consumo anual de países enteros.
Los especialistas advierten que, si la electricidad utilizada por estos centros continúa dependiendo de combustibles fósiles, las emisiones asociadas a la IA podrían multiplicarse y agravar el impacto del cambio climático.
Por ese motivo, consideran clave acelerar la incorporación de energías renovables, mejorar la eficiencia de los centros de datos y desarrollar tecnologías menos demandantes de recursos.
El estudio no cuestiona el desarrollo de la inteligencia artificial, pero sí plantea la necesidad de acompañar su expansión con políticas que reduzcan su impacto ambiental.
Porque el desafío ya no consiste solo en construir sistemas cada vez más potentes.
También será lograr que ese progreso tecnológico resulte compatible con los objetivos de sostenibilidad y la lucha contra el cambio climático.