Desde que Vaca Muerta comenzó a perforarse en 2013, la región neuquina se ha convertido en epicentro del gas de roca —el tan mentado gas no convencional— y las cifras desafían. Según datos oficiales de la Secretaría de Energía procesados por Energía On, se han extraído 122,3 millones de millones de m³. Pero solo cinco empresas concentran casi todo el negocio: YPF, Tecpetrol, TotalEnergies, Pan American Energy y Pluspetrol.
YPF encabeza el ranking con 35,73 millones de millones de m³, consolidándose como la operadora líder sobre la roca, gracias a su pionerismo y experiencia histórica. Le sigue muy de cerca Tecpetrol, de Techint, con 35,46 millones de millones, a pesar de haber comenzado en 2017, cuatro años después que la petrolera estatal.
El tercer lugar pertenece a TotalEnergies: la compañía francesa ‒primer actor extranjero en aparecer en este ranking‒ acumula 16,32 millones de millones, tras desembarcar en 2016. Muy cerca está Pan American Energy (PAE), que suma 12,17 millones de millones, activa tanto en petróleo como en gas desde 2018. Cierra el top 5 Pluspetrol, con 9,74 millones de millones, aunque con menor trayectoria: empezó en 2019 y logró colocarse gracias al estratégico bloque La Calera.
Este podio revela una inequidad cruda: mientras algunas operadoras avanzan con fuerza, una decena más —incluyendo gigantes como Shell, ExxonMobil, Chevron o Vista Energy— operan a menor escala o concentran su apuesta en crudo. Otras directamente se retiraron del negocio de gas no convencional.
¿Qué refleja este liderazgo? Primero, que Vaca Muerta sigue siendo una joya estratégica, aunque dominada por pocas manos. Segundo, que falta diversificación y participación local o pública real en ese botín energético. En términos de empleos, ingresos provinciales y peso en la toma de decisiones, la hegemonía de estas cinco empresas concentra no solo el gas, sino también el poder y los beneficios.
Además, esta dinámica tiene impacto ambiental y territorial. Cada etapa de extracción implica infraestructura pesada: perforaciones, ductos, plantas de tratamiento. El caso de Pluspetrol, que logró posicionarse rápido, muestra cómo incluso actores de menor tamaño pueden alterar el paisaje y las economías locales en poco tiempo.
La gran pregunta es: ¿qué queda para Neuquén, para los trabajadores y las comunidades? El crecimiento económico debería traducirse en mejores escuelas, salud, servicios, empleo calificado y desarrollo local. Pero ese puente entre la roca y la gente no siempre se construye.
Si los números son colosales, la contracara —el control de unos pocos, el impacto ecológico y la escasa redistribución— no puede pasarse por alto. En tiempos donde Vaca Muerta se define como pilar energético nacional, es urgente que el debate incluya no solo quién produce, sino cómo, con qué reglas y con qué beneficios para la comunidad.