La curva se invierte: el rechazo a Milei supera el 60% y marca un nuevo clima social

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Una encuesta de Atlas Intel ubica la desaprobación al presidente por encima del 61%, el nivel más alto desde el inicio de su gestión. El dato confirma una tendencia: el desgaste ya no es puntual, empieza a ser estructural.

Hay números que no son solo números. Son climas. Son señales. Son, a veces, un punto de inflexión. El último relevamiento de la consultora Atlas Intel —una de las que mejor anticipó el resultado electoral de 2023— ubica el rechazo a la gestión de Javier Milei en 61,6%, mientras que el nivel de aprobación cae al 36,4%.

No es un dato aislado. Es, más bien, la confirmación de una tendencia que distintas encuestas vienen mostrando en los últimos meses: una caída sostenida en la imagen del gobierno y un crecimiento del malestar social.

El número tiene, además, un peso simbólico. Superar el 60% de rechazo no es solo un registro alto; es entrar en una zona donde la legitimidad política empieza a tensionarse. No implica necesariamente un quiebre inmediato, pero sí marca un cambio en la relación entre el gobierno y la sociedad.

El deterioro no aparece de un día para el otro. Se construye. En este caso, los factores se acumulan: el impacto del ajuste económico, la persistencia de problemas estructurales como salarios bajos y desempleo, y una serie de controversias políticas que erosionan el discurso oficial.

Durante los primeros meses de gestión, el gobierno logró sostener un núcleo de apoyo basado en expectativas de cambio y en la promesa de ordenar la economía. Pero con el paso del tiempo, esa expectativa empieza a medirse contra resultados concretos. Y ahí es donde la percepción social comienza a desplazarse.

Las encuestas también muestran que ese rechazo no es homogéneo. Crece con más fuerza en algunos sectores: mujeres, mayores de 40 años y sectores de menores ingresos, donde el impacto de la crisis económica se siente con mayor intensidad. En paralelo, el respaldo se mantiene más firme en segmentos específicos, como los varones jóvenes, que constituyen el núcleo más estable del oficialismo.

Ese mapa fragmentado habla de algo más profundo que una caída en la imagen. Habla de una sociedad que empieza a reorganizar sus percepciones políticas en función de su experiencia cotidiana.

El gobierno, por su parte, enfrenta un desafío conocido pero siempre complejo: administrar el desgaste sin perder iniciativa. En ese camino, la estrategia ha sido sostener el rumbo económico y reforzar un discurso que apunta a responsabilizar al pasado por las dificultades del presente. Sin embargo, algunas encuestas sugieren que esa narrativa empieza a perder eficacia, y que cada vez más sectores atribuyen la situación actual a decisiones del propio gobierno.

El dato del 61,6% funciona entonces como una fotografía, pero también como una advertencia. No define el futuro político inmediato, pero sí delimita el terreno sobre el que se va a jugar.

En política, las mayorías no son estáticas. Se construyen, se pierden, se transforman. Y a veces, lo más relevante no es el número en sí, sino la dirección en la que se mueve.

Hoy, esa dirección parece clara: el apoyo inicial se achica, el rechazo crece y el vínculo entre el gobierno de Javier Milei y la sociedad entra en una etapa más exigente, menos indulgente.

El desafío ya no es solo sostener convicciones. Es recuperar confianza.

Y eso, a diferencia de cualquier indicador, no se ajusta por decreto.