El 8 de abril se realizará en Neuquén una jornada que reunirá a referentes del sector turístico para debatir modelos de desarrollo responsable. El encuentro busca articular al sector público y privado en un contexto donde crecer ya no alcanza: hay que hacerlo mejor.
El turismo suele medirse en números: cantidad de visitantes, ocupación hotelera, impacto económico. Pero cada vez más, la discusión empieza a correrse hacia otra pregunta: cómo crecer sin romper aquello que se viene a buscar. En esa tensión se inscribe la jornada sobre sostenibilidad turística que se realizará el próximo 8 de abril en la provincia de Neuquén.
El encuentro, organizado por el Ministerio de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales junto a Neuquentur, tendrá lugar desde las 8 de la mañana en el auditorio de la Facultad de Turismo de la Universidad Nacional del Comahue. No será un evento cerrado ni técnico en sentido estricto: la convocatoria está dirigida a un amplio abanico de actores, desde hoteleros y agencias de viaje hasta estudiantes y trabajadores del sector público.
La propuesta busca algo más que capacitación. Intenta generar un espacio de articulación en un sector que, por definición, funciona de manera fragmentada. Prestadores privados, Estado, academia, comunidades locales: piezas que suelen convivir sin siempre dialogar entre sí.
Uno de los ejes centrales será la exposición de la especialista internacional María de los Ángeles Bonilla, proveniente de Costa Rica, un país que se convirtió en referencia global en turismo sostenible. Su participación introduce una dimensión interesante: mirar experiencias externas para repensar modelos propios.
Pero el foco no estará solo afuera. La jornada incluirá también un panel de organizaciones turísticas de la provincia que ya cuentan con certificaciones en sostenibilidad y que compartirán sus prácticas. Es, en algún sentido, una forma de mostrar que el debate no es abstracto: ya hay experiencias concretas en marcha.
La idea de sostenibilidad, sin embargo, no es neutra ni sencilla. Según organismos internacionales como ONU Turismo, implica equilibrar tres dimensiones que muchas veces entran en conflicto: lo ambiental, lo económico y lo sociocultural. Traducido al territorio: cuidar los recursos naturales, generar ingresos y respetar las comunidades locales.
Ese equilibrio es particularmente relevante en una provincia como Neuquén, donde el turismo crece al mismo tiempo que otras actividades intensivas —como la energía— disputan el uso del territorio. La pregunta ya no es solo cómo atraer visitantes, sino bajo qué condiciones.
En ese sentido, el impulso provincial a este tipo de encuentros marca una línea: no se trata de frenar el desarrollo turístico, sino de ordenarlo. De anticipar conflictos antes de que se vuelvan estructurales.
El contraste con la política nacional es inevitable. En un contexto donde el gobierno de Javier Milei prioriza una lógica de mercado con menor intervención estatal, las provincias quedan muchas veces como el espacio donde se diseñan y sostienen políticas de desarrollo más integrales. El turismo, por su capacidad de generar empleo y dinamizar economías regionales, se vuelve un terreno clave en esa disputa.
Pero incluso más allá de las tensiones políticas, hay una evidencia que empieza a imponerse: el modelo tradicional de turismo, basado en la explotación intensiva de destinos, muestra límites claros.
Sobrecarga de infraestructura, presión sobre ecosistemas, desplazamiento de comunidades. Problemas que en otros lugares del mundo ya son visibles y que funcionan como advertencia.
La jornada del 8 de abril no va a resolver esas tensiones. Pero sí puede ordenar la discusión.
Porque si algo empieza a quedar claro es que el turismo del futuro no se juega solo en la cantidad de visitantes, sino en la calidad del vínculo con el territorio.
Y en esa transición, la sostenibilidad deja de ser un concepto aspiracional para convertirse en una condición necesaria.