La actividad económica cayó 2,6% en febrero y registró su peor retroceso mensual desde diciembre de 2023. El dato expone que la desaceleración no golpea a todos por igual y vuelve a poner en duda la solidez del relato oficial sobre la recuperación.
La economía argentina sufrió en febrero una caída mensual del 2,6%, una baja que sorprendió por su magnitud y que marcó el peor retroceso desde los primeros meses del gobierno de Javier Milei.
El número mostró una interrupción brusca en una recuperación que desde la Casa Rosada se venía presentando como una tendencia consolidada.
En la comparación interanual, la actividad también retrocedió 2,1%, reflejando que buena parte del aparato productivo sigue sin encontrar un piso estable.
Los sectores más golpeados fueron la industria manufacturera y el comercio, dos áreas estrechamente ligadas al consumo interno y al empleo urbano, que continúan sintiendo el impacto de la caída del poder adquisitivo.
Mientras tanto, algunas ramas como energía, minería y agro mantuvieron un desempeño positivo, profundizando una economía cada vez más fragmentada.
Ese contraste empieza a dibujar un modelo donde ciertos sectores exportadores avanzan, pero una parte importante del mercado interno permanece estancada.
Desde el Gobierno buscaron relativizar el dato y señalaron que la tendencia de fondo todavía muestra una expansión leve.
Sin embargo, puertas adentro del mundo económico crece la inquietud porque la actividad real sigue mostrando señales más frágiles que las variables financieras que el oficialismo suele exhibir como prueba de estabilidad.
Lo que aparece en las estadísticas no es solamente una oscilación técnica.
Es también el reflejo de una economía donde el ajuste logró enfriar la inflación, pero todavía no consigue traducirse en una mejora visible para amplios sectores productivos.
El dato de febrero deja una pregunta abierta que empieza a incomodar incluso fuera de la oposición.
Si la macroeconomía logra ordenarse mientras la economía cotidiana se enfría, el desafío político ya no será explicar los números, sino convencer a una sociedad de que la espera todavía vale la pena.