La confianza en Milei vuelve a caer y el desgaste empieza a hacerse visible

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El Índice de Confianza en el Gobierno registró en abril una fuerte baja del 12,1 por ciento y acumuló su cuarto retroceso consecutivo. El dato refleja un cambio en el humor social en medio de un ajuste que ya dejó de sentirse solo en los números.

La confianza en el gobierno de Javier Milei volvió a retroceder en abril y alcanzó su nivel más bajo desde el inicio de la gestión.

El índice elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella mostró una caída del 12,1 por ciento respecto de marzo, en lo que se convirtió en el descenso más pronunciado del año.

Con este resultado, el oficialismo suma cuatro meses consecutivos de retrocesos en la percepción pública.

La tendencia marca un desgaste sostenido en un momento en que la estabilidad económica prometida por la Casa Rosada todavía no logra traducirse en una mejora clara en la vida cotidiana de amplios sectores sociales.

El informe mostró una caída en todos los componentes medidos.

La mayor baja apareció en la evaluación sobre la eficiencia del Gobierno, un dato especialmente sensible para una administración que construyó gran parte de su legitimidad sobre la idea de gestión técnica y orden fiscal.

También retrocedieron las valoraciones vinculadas a la honestidad, la capacidad para resolver problemas y la preocupación por el interés general.

Aunque algunos indicadores siguen por encima de los niveles registrados en otras gestiones recientes, el deterioro empieza a consolidar un nuevo clima político.

El dato adquiere relevancia porque la confianza social suele funcionar como un termómetro anticipado.

Muchas veces, antes de que una crisis se exprese plenamente en la calle, empieza a notarse en la forma en que la sociedad mira a quienes gobiernan.

En un contexto donde el consumo cae, el endeudamiento familiar crece y la conflictividad laboral comienza a ganar espacio, la baja del índice aparece como algo más que una cifra estadística.

Empieza a mostrar que parte del respaldo inicial que acompañó a Milei ya no parece tan sólido como hace algunos meses.

La economía puede ordenar planillas.

Pero cuando el malestar empieza a filtrarse en la percepción social, el verdadero desafío deja de ser solo sostener un programa.

Pasa a ser sostener la confianza de quienes todavía esperan que ese sacrificio tenga algún sentido.