El rastro del celular: la causa Adorni entra en una fase más sensible

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La Justicia ordenó peritar el teléfono del contratista que refaccionó su casa, en busca de mensajes borrados y posibles contactos previos a su declaración.

La investigación sobre el patrimonio de Manuel Adorni sumó un movimiento clave.

Y no es menor.

La Justicia ordenó peritar el celular de Matías Tabar, el contratista que declaró haber realizado refacciones por más de 245 mil dólares en una vivienda vinculada al funcionario.

El objetivo es concreto: recuperar mensajes, incluso aquellos eliminados o temporales.

No se trata solo de revisar un dispositivo.

Se trata de reconstruir vínculos.

Según la declaración judicial, Tabar habría recibido contactos de Manuel Adorni antes de presentarse en Comodoro Py, a través de comunicaciones que podrían haber sido borradas.

Ahí está el foco.

Determinar si existieron esos intercambios.

Qué se dijo.

Y si hubo algún intento de influir en el testimonio.

La medida fue ordenada por el juez Ariel Lijo, a pedido del fiscal Gerardo Pollicita, en el marco de una causa por presunto enriquecimiento ilícito.

El avance no es aislado.

Se inscribe en una investigación que ya venía creciendo tras la declaración del propio contratista, quien aseguró que los trabajos —que incluyeron remodelaciones integrales— fueron abonados en efectivo y sin facturación formal.

En paralelo, la fiscalía rechazó un pedido de detención inmediata contra el funcionario, al considerar que no estaban dadas las condiciones para esa medida.

Pero eso no implica un freno.

Más bien, lo contrario.

El expediente avanza hacia una etapa más técnica.

Más silenciosa.

Pero también más determinante.

Porque en este tipo de causas, los detalles importan.

Un mensaje.

Una llamada.

Un registro que parecía borrado.

Ahí, muchas veces, se define el rumbo.

La pericia sobre el celular busca justamente eso.

Convertir sospechas en evidencia.

O descartarlas.

Y en ese proceso, lo que está en juego no es solo un caso individual.

Es la consistencia de un discurso político que hizo de la transparencia una bandera.

Porque cuando la investigación se mete en los teléfonos, la política deja de ser relato.

Y pasa a ser, sobre todo, prueba.