El saldo de los devastadores terremotos que sacudieron el norte de Venezuela continúa en aumento y ya se acerca a las 5.000 víctimas fatales. Mientras avanzan las tareas de recuperación, las autoridades mantienen la emergencia en las zonas más afectadas y miles de personas permanecen sin hogar, en una de las peores tragedias naturales de la historia reciente del país.
Más de tres semanas después de los sismos, el panorama sigue siendo crítico.
El último balance oficial elevó la cifra de fallecidos a 4.829 personas, mientras que 16.740 resultaron heridas y cerca de 18.000 habitantes perdieron sus viviendas a causa del desastre.
Las labores de búsqueda y rescate concluyeron en la mayoría de las áreas afectadas, dando paso a una etapa centrada en la recuperación de cuerpos, la asistencia a los damnificados y el inicio de la reconstrucción de viviendas e infraestructura.
Las regiones costeras fueron las más golpeadas por los terremotos, que provocaron el colapso de edificios, rutas, puentes y servicios esenciales. En numerosos sectores todavía continúan las tareas para remover escombros y restablecer el suministro de agua, electricidad y comunicaciones.
El Gobierno venezolano mantiene desplegados miles de efectivos de seguridad, personal sanitario y equipos de asistencia, mientras organismos internacionales continúan enviando ayuda humanitaria, alimentos, medicamentos y materiales para atender a las familias afectadas.
La magnitud de la tragedia también impulsó planes de reconstrucción para las localidades más dañadas. Las autoridades estiman que será necesario construir miles de nuevas viviendas y reparar una parte importante de la infraestructura pública destruida por los sismos.
Con un número de víctimas que ya se aproxima a las 5.000 personas y pérdidas materiales de enorme magnitud, los terremotos del 24 de junio quedaron registrados como uno de los desastres naturales más graves que haya enfrentado Venezuela en las últimas décadas.