La empresa belga Jan De Nul aparece como principal candidata para quedarse con la nueva concesión de la Hidrovía. El proceso ya genera críticas por concentración económica, falta de controles y posible pérdida de soberanía sobre una vía clave para el comercio argentino.
La Hidrovía vuelve a quedar en el centro de una discusión enorme para la economía argentina.
Y esta vez el debate no gira solamente alrededor de barcos, puertos o dragado.
También habla de poder.
De control estatal.
Y del modelo económico que intenta consolidar Javier Milei.
La empresa belga Jan De Nul aparece como principal favorita para quedarse con la nueva concesión de la Hidrovía Paraná-Paraguay, la ruta fluvial por donde circula cerca del 80% de las exportaciones agroindustriales del país.
Si se concreta, sería una de las privatizaciones más importantes de la era libertaria.
La compañía no es nueva en el negocio.
Jan De Nul ya operó durante años tareas de dragado y mantenimiento en la vía navegable más estratégica de Argentina. Pero ahora el nuevo esquema impulsado por el Gobierno podría devolverle un rol todavía más central dentro del sistema logístico y exportador.
Las críticas empezaron rápidamente.
Sectores opositores, especialistas y actores vinculados al comercio exterior advierten sobre el riesgo de profundizar la concentración privada en un corredor clave para la economía nacional.
También cuestionan la falta de debate público alrededor de una infraestructura que mueve miles de millones de dólares cada año.
Porque la Hidrovía no funciona solamente como una obra técnica.
Es uno de los grandes centros de circulación económica y geopolítica de Sudamérica.
Por allí salen granos, combustibles, minerales y buena parte de las exportaciones argentinas hacia el mundo.
Controlar ese circuito implica manejar información, logística y recursos estratégicos.
La discusión además expone una tensión bastante profunda dentro del discurso oficial.
Mientras Milei plantea que el Estado debe retirarse de la economía y dejar espacio al sector privado, distintos sectores alertan que algunas privatizaciones podrían terminar fortaleciendo posiciones dominantes de grandes grupos empresariales internacionales.
En paralelo, gobernadores y provincias vinculadas al corredor fluvial siguen el tema con atención.
Porque detrás de la concesión también se juega parte importante del futuro logístico, comercial y fiscal de muchas economías regionales.
La escena recuerda además algo bastante argentino.
Cada vez que aparecen debates sobre puertos, exportaciones y grandes concesiones, inevitablemente vuelven preguntas históricas sobre soberanía, dependencia económica y concentración de poder.
Y ahí la Hidrovía ocupa un lugar especialmente sensible.
Porque mueve barcos, sí.
Pero sobre todo mueve una parte gigantesca de la riqueza del país.
Y cuando eso entra en disputa, la política nunca queda demasiado lejos.