La morosidad de las familias se cuadruplicó en un año y crece la presión sobre la economía cotidiana

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El aumento de deudas impagas ya alcanza niveles preocupantes en tarjetas, préstamos y servicios. Especialistas advierten que la caída del ingreso real empezó a romper el equilibrio financiero de millones de hogares argentinos.

La inflación puede desacelerarse.

Pero eso no significa necesariamente que la economía familiar mejore.

Y los números de morosidad empiezan a mostrar justamente esa otra cara del ajuste.

Durante el último año, la cantidad de familias con deudas impagas prácticamente se cuadruplicó en Argentina, reflejando un deterioro cada vez más visible entre ingresos, consumo y capacidad de sostener crédito.

El fenómeno golpea especialmente sobre tarjetas de crédito, préstamos personales y financiamiento de consumo, sectores donde crecieron fuerte los atrasos y refinanciaciones durante los últimos meses.

La situación ya empezó a preocupar incluso dentro del sistema financiero.

Porque el aumento sostenido de mora suele funcionar como una señal bastante clara de agotamiento económico en los hogares.

La explicación aparece en una combinación bastante conocida para gran parte de la sociedad argentina.

Salarios que pierden poder adquisitivo.

Tarifas más altas.

Mayor costo de alimentos y servicios.

Y familias que empezaron a usar crédito no para consumir más, sino simplemente para sostener gastos básicos.

Ahí aparece uno de los cambios más importantes de esta etapa económica.

La deuda dejó de funcionar como herramienta de expansión de consumo.

Y pasó a convertirse en mecanismo de supervivencia cotidiana.

Muchos hogares utilizan tarjetas para comprar comida, pagar medicamentos o cubrir gastos corrientes mientras esperan salarios que ya no alcanzan con la misma facilidad de años anteriores.

El problema es que cuando el ingreso real sigue deteriorándose, incluso esa rueda empieza a romperse.

Y entonces llegan atrasos, refinanciaciones y acumulación de intereses.

El informe además advierte que la situación afecta principalmente a sectores medios y trabajadores formales, históricamente considerados perfiles relativamente estables dentro del sistema financiero.

Eso vuelve todavía más sensible el escenario.

Porque muestra que el deterioro económico ya no impacta solamente sobre los sectores más vulnerables.

Empieza también a erosionar capas sociales que hasta hace poco todavía podían sostener cierto margen de estabilidad.

La discusión toca además una fibra bastante profunda dentro de la economía argentina reciente.

Durante años, buena parte del consumo interno se sostuvo a través del crédito.

Cuotas.

Financiación.

Tarjetas.

Préstamos personales.

Pero cuando los ingresos reales caen demasiado tiempo seguido, el sistema empieza a mostrar límites.

Y ahí aparece una dinámica bastante peligrosa.

Más deuda para cubrir gastos básicos.

Menos capacidad futura de pago.

Y mayor fragilidad económica incluso entre familias con empleo formal.

La escena deja una imagen bastante precisa del momento actual.

La economía puede mostrar algunos indicadores macroeconómicos más ordenados.

Pero abajo, en la vida cotidiana, muchas familias siguen funcionando cada vez con menos margen.

Y cuando el crédito deja de ser alivio para transformarse en problema, lo que empieza a romperse no es solamente una cuenta bancaria.

También cierta sensación de estabilidad social.