La recaudación del Impuesto al Valor Agregado (IVA) registró una nueva baja real en mayo y refuerza una tendencia que economistas observan desde hace meses: el consumo sigue sin recuperarse al ritmo que espera el Gobierno. Aunque la recaudación total creció en términos nominales, otros impuestos explicaron gran parte de ese resultado.
Los números fiscales suelen contar historias que no siempre aparecen en los discursos oficiales.
Y el IVA suele ser uno de los mejores termómetros.
Porque está directamente ligado a las compras cotidianas de millones de personas.
Alimentos.
Indumentaria.
Electrodomésticos.
Consumo masivo.
Por eso la caída registrada en mayo volvió a generar preocupación entre economistas y especialistas.
Según los datos difundidos por organismos tributarios y analizados por consultoras privadas, la recaudación del IVA mostró una baja real interanual cercana al 9,3%, profundizando una tendencia que ya se había observado durante los meses anteriores.
La situación contrasta con el resultado general de la recaudación nacional.
En mayo, los recursos tributarios alcanzaron más de 21,5 billones de pesos y crecieron 35,6% en términos nominales. Sin embargo, gran parte de ese desempeño estuvo impulsado por el fuerte aumento del Impuesto a las Ganancias, especialmente vinculado a operaciones del sector petrolero.
Eso significa que el dato global esconde realidades muy diferentes.
Mientras Ganancias mostró un salto importante, el IVA siguió reflejando debilidad en el mercado interno.
La preocupación no es nueva.
Diversos informes vienen señalando que la recaudación asociada al consumo acumula varios meses de deterioro, en línea con la caída de ventas observada en distintos sectores de la economía.
El fenómeno tiene además consecuencias que van más allá de las cuentas nacionales.
Una menor recaudación de IVA también impacta sobre los recursos que reciben las provincias a través de la coparticipación federal, afectando presupuestos locales y capacidad de financiamiento.
Para el Gobierno, el desafío sigue siendo sostener el equilibrio fiscal sin que la desaceleración del consumo termine debilitando aún más la actividad económica.
Para los críticos del modelo económico actual, en cambio, la caída del IVA es una señal de que el ajuste continúa afectando el poder de compra de los hogares.
La discusión sigue abierta.
Pero hay algo que los economistas de distintas corrientes suelen coincidir en señalar: cuando el IVA cae de manera persistente, la explicación suele encontrarse menos en las planillas fiscales y más en los changuitos de supermercado.
Y esos changuitos, al menos por ahora, siguen mostrando señales de cautela.