Un relevamiento sobre los principales convenios colectivos del país revela que gran parte de los trabajadores registrados percibe ingresos que no alcanzan para que una familia tipo supere la línea de pobreza. Incluso sectores históricamente asociados a salarios relativamente altos muestran dificultades para seguir el ritmo del aumento del costo de vida.
Durante décadas, tener un empleo formal fue sinónimo de estabilidad económica y una puerta de entrada a la clase media.
Hoy, esa realidad parece cada vez más lejana para millones de trabajadores argentinos.
La comparación entre los salarios básicos de algunos de los gremios más representativos del país y los ingresos necesarios para sostener un hogar muestra una brecha cada vez más difícil de cerrar.
Según los datos analizados, una familia tipo necesitó en mayo ingresos cercanos a los dos millones de pesos para no ser considerada pobre y un monto aún mayor para ser ubicada dentro de la clase media. Sin embargo, los salarios básicos de sectores como comercio, construcción, metalurgia, salud y transporte se ubicaron por debajo de esos valores.
El caso de los empleados de comercio resulta especialmente significativo por tratarse del convenio colectivo más numeroso del país. Los salarios habituales del sector permanecen varios cientos de miles de pesos por debajo de la línea de pobreza para un hogar tipo.
La situación se repite en otras actividades. En la construcción, incluso las categorías más calificadas no alcanzan los ingresos considerados necesarios para superar la pobreza. Algo similar ocurre en la industria metalúrgica y en el sector de la salud, donde enfermeros y personal especializado continúan enfrentando una fuerte pérdida de poder adquisitivo.
Entre los grandes convenios analizados, el sector bancario aparece como una excepción parcial. Sus salarios iniciales logran ubicarse por encima de la línea de pobreza, aunque siguen lejos de los ingresos requeridos para sostener un nivel de vida asociado a la clase media, especialmente cuando se incorpora el costo de un alquiler.
Especialistas advierten que este fenómeno refleja una transformación profunda del mercado laboral argentino. Tener un empleo registrado ya no garantiza necesariamente condiciones de vida que históricamente se asociaban al trabajo formal, mientras crece la cantidad de personas que buscan actividades adicionales para complementar ingresos.
El debate trasciende la discusión salarial.
Porque la cuestión de fondo ya no pasa únicamente por cuántas personas tienen trabajo.
La pregunta que comienza a ganar protagonismo es si ese trabajo alcanza para sostener un proyecto de vida, mantener una familia y conservar el lugar que durante décadas ocupó la clase media en la estructura social argentina.