Gaza y el dilema del poder: la transición que busca dejar atrás a Hamás pero no encuentra salida

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La Junta de Paz impulsada por Donald Trump pidió al comité tecnócrata palestino que tome el control de todas las armas en Gaza. El movimiento ocurre tras el anuncio de disolución del gobierno de Hamás, aunque el desarme sigue siendo el principal obstáculo para una transición política todavía frágil.

En Gaza, donde durante años las paredes hablaron con el lenguaje de las explosiones y las calles quedaron marcadas por una guerra interminable, ahora aparece una nueva palabra en el escenario político: transición. Pero esa transición llega cargada de preguntas más grandes que las respuestas que promete ofrecer.

La llamada Junta de Paz, creada por Donald Trump para supervisar la reconstrucción del territorio, reclamó que el Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG), integrado por tecnócratas palestinos, concentre el control de las armas bajo una única autoridad. El planteo se resume en una fórmula que busca convertirse en principio rector del nuevo esquema: una sola autoridad, una sola ley y una sola fuerza armada.

El pedido llegó después de que Hamás anunciara la disolución del organismo que administraba Gaza desde 2007 y habilitara el traspaso de funciones civiles a un comité técnico palestino. La medida fue presentada como un paso hacia una nueva etapa política, aunque todavía no resolvió la cuestión central que condiciona todo el proceso: el futuro del arsenal del movimiento islamista.

El NCAG, con sede en El Cairo y encabezado por el ingeniero Ali Shaath, fue creado como parte del esquema de posguerra diseñado con respaldo estadounidense. Su misión sería administrar los servicios civiles y acompañar la reconstrucción, pero su capacidad real dependerá de acuerdos que todavía no están cerrados entre los distintos actores involucrados.

El problema es que en Medio Oriente los vacíos de poder rara vez permanecen vacíos. Cada actor mira el futuro de Gaza desde una ventana diferente: Israel exige el desarme completo de Hamás antes de cualquier reconstrucción plena; Hamás sostiene que sus armas están vinculadas al conflicto con Israel; Estados Unidos busca instalar una administración alternativa; y la población palestina espera, antes que nada, recuperar una vida cotidiana que hace tiempo quedó suspendida.

La discusión sobre quién controla las armas no es solamente militar. También es una disputa sobre legitimidad política. Después de una guerra devastadora, la pregunta es quién tendrá autoridad para reconstruir, gobernar y representar a una sociedad que sufrió una enorme destrucción humanitaria.

El desafío para la comunidad internacional será evitar que la reconstrucción se convierta únicamente en una administración desde afuera. La paz no se construye solo con acuerdos entre gobiernos y organismos: necesita instituciones legítimas, participación social y garantías para los derechos de quienes viven en el territorio.

Gaza vuelve a estar frente a una encrucijada conocida: cambiar los nombres del poder no siempre significa transformar las condiciones que hicieron posible el conflicto. La verdadera transición no estará solamente en quién sostiene las armas, sino en quién logra construir un futuro donde esas armas dejen de definir la vida de millones de personas.