La disputa por el despliegue de infraestructura de telecomunicaciones en Neuquén sumó un nuevo capítulo luego de que la Embajada de Estados Unidos ratificara sus cuestionamientos al uso de tecnología de la empresa china Huawei. En respuesta, la Cooperativa CALF defendió el proyecto de fibra óptica que desarrolla en la provincia y aseguró que su infraestructura «no es una red china», sino un sistema multiproveedor construido con tecnología de distintas compañías internacionales.
La controversia surgió después de que trascendieran comunicaciones informales dirigidas a directivos de la cooperativa, en las que se advertía sobre posibles restricciones para obtener o mantener visas estadounidenses debido a la incorporación de equipamiento de Huawei en la red Calfibra. Ante esa situación, CALF envió notas formales a la Embajada de Estados Unidos y a la Cancillería argentina solicitando aclaraciones oficiales sobre el contenido y el alcance de esas advertencias.
En su respuesta pública, la cooperativa remarcó que el proyecto no depende exclusivamente de la tecnología de Huawei. Explicó que la red utiliza equipamiento de distintos fabricantes internacionales y que la elección de cada proveedor responde a criterios técnicos, económicos y de calidad, respetando los estándares utilizados por la industria de las telecomunicaciones.
Además, CALF sostuvo que todas las decisiones vinculadas con inversiones y contratación de tecnología son adoptadas por su Consejo de Administración y por la Asamblea de Delegados, por lo que rechazó cualquier intento de responsabilizar individualmente a trabajadores o directivos por las adquisiciones realizadas.
El caso se enmarca en la disputa tecnológica que desde hace años mantienen Estados Unidos y China en torno a Huawei. Washington sostiene que el uso de equipamiento de la empresa china representa un riesgo para la seguridad de las redes de telecomunicaciones, mientras que Huawei rechaza esas acusaciones y continúa participando en proyectos de infraestructura en distintos países.
La polémica volvió a instalar el debate sobre la autonomía tecnológica, la seguridad de las telecomunicaciones y el alcance de la presión diplomática en proyectos estratégicos de infraestructura. Mientras la cooperativa mantiene su decisión de continuar con el desarrollo de Calfibra, el conflicto permanece abierto a la espera de una respuesta oficial por parte de las autoridades estadounidenses y de la Cancillería argentina.