El Banff llega a Neuquén para convertir la aventura en una experiencia cultural

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El reconocido festival internacional de cine de montaña tendrá funciones este viernes 28 y sábado 29 de agosto en la capital neuquina. La propuesta combina seis producciones internacionales con una selección de realizadores argentinos y una agenda de charlas que conecta cine, naturaleza, fotografía y cultura de montaña.

Hay lugares donde la montaña no es solamente un paisaje. Forma parte de la identidad, de las historias que se cuentan y de la manera en que una comunidad mira el territorio.

Neuquén es uno de ellos.

Por eso la llegada del Banff Mountain Film Festival World Tour a la capital provincial tiene algo más que una función de cine. Durante dos jornadas, el Auditorio del Museo Nacional de Bellas Artes se convertirá en un punto de encuentro para quienes encuentran en la naturaleza, la exploración y la aventura una forma de expresión.

El festival tendrá sus funciones el 28 y 29 de agosto, dentro de una gira argentina que ya lleva 26 ediciones. Nacido en 1976 en la ciudad canadiense de Banff, el encuentro se transformó con el tiempo en una referencia internacional del cine de aventura y actualmente tiene presencia en más de 40 países.

En Neuquén se proyectarán seis cortos y documentales internacionales provenientes de países como Canadá, Estados Unidos y Francia. Son historias atravesadas por la exploración, los desafíos físicos y el vínculo entre las personas y algunos de los ambientes naturales más extremos del planeta.

Pero hay una diferencia importante respecto de una simple muestra internacional.

El festival también mira hacia adentro.

La programación incorpora la llamada Noche Argentina, con producciones seleccionadas del Festival Nacional de Cine de Aventura. Allí aparece una historia especialmente vinculada con Neuquén: El Pintor del Bosque, de Nicolás Muñoz, que retrata la vida de Iván Moricz Karl, un artista autodidacta de 80 años que observa y representa la naturaleza desde su cabaña en el Parque Nacional Lanín.

La inclusión de esa producción permite que el territorio no quede reducido al escenario de una película extranjera.

Neuquén también tiene algo para contar.

Sus montañas, bosques, lagos y ríos aparecen así no solamente como destinos turísticos, sino como espacios donde existen historias, personas y formas particulares de relacionarse con el ambiente.

Esa mirada resulta especialmente interesante en una provincia donde la actividad turística busca ampliar su lugar dentro de la economía y donde la cordillera constituye uno de los principales atractivos naturales. Mostrar esos paisajes puede servir para promocionarlos, pero también para preguntarse cómo se los habita, cómo se los protege y qué tipo de desarrollo se quiere construir alrededor de ellos.

El Banff propone justamente esa conversación entre aventura y cultura.

Y la programación no termina cuando se apagan las luces.

La denominada Semana de la Aventura suma charlas gratuitas con fotógrafos, realizadores y referentes vinculados con la montaña. El viernes, Diego Tobares hablará sobre fotografía y paisaje; Maju Franzan recorrerá sus experiencias como fotógrafa y artista; y Juan Pedalino explicará los desafíos de filmar en escenarios extremos.

El sábado habrá una propuesta diferente. Quatro Vientos abordará la experiencia de los botes dragones como herramienta para construir comunidad y fomentar la inclusión. Luego, Lucas Campomori ofrecerá un taller práctico sobre mantenimiento de tablas y esquíes, mientras que Ansilta presentará una charla sobre indumentaria y funcionalidad para actividades de montaña.

El abanico es amplio.

Cine, fotografía, deportes, equipamiento, comunidad y naturaleza conviven dentro de una misma agenda.

Y eso explica por qué el festival puede ser leído como algo más que una exhibición de películas espectaculares. La aventura, cuando está bien contada, también permite hablar de perseverancia, creatividad, trabajo colectivo y relación con el ambiente.

En tiempos en los que buena parte del contacto con la naturaleza llega filtrado por una pantalla, hay algo interesante en recuperar historias que nacen justamente de salir de ella.

La montaña exige otra escala.

Obliga a mirar el clima, el terreno, el tiempo y los límites propios. No todo puede acelerarse. No todo puede resolverse con una aplicación. Y quizás esa sea una de las razones por las que este tipo de relatos tienen una fuerza particular: recuerdan que todavía existen territorios donde la naturaleza marca las reglas.

Para Neuquén, además, la presencia del Banff funciona como una oportunidad para proyectar una identidad cordillerana que ya forma parte de su patrimonio turístico y cultural. El festival también pasó este mes por San Martín de los Andes y continuará en Villa La Angostura en septiembre, extendiendo esa conexión por distintos puntos de la provincia.

La capital neuquina será ahora la próxima estación.

Durante dos noches, las historias llegarán desde montañas lejanas y también desde paisajes bastante más cercanos. Algunas mostrarán expediciones extraordinarias. Otras hablarán de personas que encontraron en la naturaleza una manera de vivir o de crear.

Quizás ahí esté lo más interesante.

No hace falta viajar al otro extremo del mundo para encontrar una historia de aventura. A veces alcanza con mirar un bosque conocido de otra manera, escuchar a quien lleva décadas observándolo o descubrir qué hay detrás de una imagen que parecía simplemente hermosa.

El Banff llega a Neuquén con montañas filmadas desde distintos lugares del planeta.

Pero también trae una invitación más cercana: volver a mirar el territorio propio como algo más que un paisaje, como un espacio lleno de historias que todavía esperan ser contadas.