Patricia Bullrich volvió a marcar distancia con la conducción de La Libertad Avanza y dejó un mensaje directo a Karina Milei: los candidatos no deberían definirse de manera centralizada. La discusión sobre la eliminación de las PASO empieza así a convertirse también en una pelea por quién tendrá la última palabra sobre las listas de 2027.
Patricia Bullrich no parece dispuesta a desaparecer de la escena después de haber dejado el Ministerio de Seguridad. Tampoco a ocupar, dentro del oficialismo, un lugar definido exclusivamente por las decisiones de la conducción libertaria.
La senadora volvió a mover una pieza en el tablero político y esta vez eligió hacerlo alrededor de una discusión que, en apariencia, habla de instituciones electorales, pero que en el fondo anticipa una disputa bastante más personal: quién decide quiénes pueden ser candidatos.
Durante una intervención pública, Bullrich sostuvo que los candidatos no pueden ser elegidos “todos centralizadamente o a dedo” y defendió la necesidad de que los partidos y las coaliciones cuenten con algún mecanismo para definir sus postulaciones. La declaración llegó mientras el oficialismo impulsa una reforma política que contempla la eliminación de las PASO.
La frase cayó especialmente mal en sectores de La Libertad Avanza porque fue interpretada como un mensaje dirigido a Karina Milei y al núcleo que administra buena parte de la construcción territorial y electoral del oficialismo.
La cuestión no es menor.
Las PASO no son solamente una instancia electoral. También funcionan como un mecanismo para resolver internas y determinar quién representa a un espacio cuando existen distintas candidaturas. Eliminarlas obliga a encontrar otro sistema.
Y ahí aparece la verdadera discusión.
¿Quién arma las listas?
¿Quién define los candidatos?
¿Quién decide qué sector de una coalición tiene espacio y cuál queda afuera?
En una fuerza política relativamente nueva como La Libertad Avanza, esas preguntas tienen todavía más peso porque buena parte de su estructura se construyó alrededor del liderazgo de Javier Milei y de un círculo reducido de dirigentes.
Bullrich parece advertir que esa concentración puede convertirse en un problema si pretende competir dentro del mismo espacio en el futuro.
La senadora no anunció una candidatura presidencial inmediata. Pero, según el análisis publicado por La Política Online, mantiene abierta la posibilidad de competir en 2027 y observa especialmente la evolución de la imagen del Presidente. En su entorno consideran que el escenario podría cambiar si Milei pierde respaldo y se acerca a niveles de popularidad considerablemente menores.
Es una estrategia conocida en la política argentina: no lanzarse demasiado pronto, pero tampoco abandonar el terreno.
Bullrich tiene además un activo que no puede ignorarse. Fue candidata presidencial en 2023, obtuvo el tercer lugar y luego respaldó a Milei para el balotaje. Más tarde se incorporó a su Gobierno como ministra de Seguridad.
La alianza le permitió al Presidente sumar a una dirigente con una base electoral propia.
Pero las alianzas también tienen fecha de vencimiento cuando empiezan a aparecer proyectos personales.
El problema es que Milei no parece tener, por ahora, demasiado interés en construir una competencia interna alrededor de su liderazgo. Y Karina Milei se convirtió en una pieza central de la organización política de La Libertad Avanza.
Por eso la discusión sobre las PASO puede terminar siendo una discusión sobre poder.
Bullrich sostiene que los partidos necesitan mecanismos para seleccionar candidatos.
El oficialismo, mientras tanto, impulsa la eliminación de las primarias.
Ambas posiciones podrían convivir si después se construyera un sistema interno consensuado. Pero la desconfianza aparece cuando cada sector empieza a imaginar quién controlaría ese mecanismo.
En política, el reglamento importa.
Pero quién escribe el reglamento suele importar todavía más.
La senadora incluso aceleró el tratamiento de la reforma política en el Senado, aunque el proyecto todavía no tiene garantizados los votos necesarios. Su movimiento generó incomodidad entre algunos aliados del Gobierno, que preferían separar la discusión de Ficha Limpia de la reforma electoral general.
El episodio muestra hasta qué punto el oficialismo atraviesa una etapa distinta a la de sus primeros años.
Cuando un Gobierno recién llega al poder, la prioridad suele ser construir autoridad.
Cuando empieza a acercarse el siguiente ciclo electoral, aparece otra pregunta: quién heredará, administrará o disputará ese poder.
Y en La Libertad Avanza esa transición todavía está lejos de estar resuelta.
Bullrich no necesita romper con Milei para construir una alternativa.
Le alcanza con diferenciarse.
Puede acompañar determinadas políticas, cuestionar otras y, al mismo tiempo, conservar una identidad propia frente a un electorado que no necesariamente pertenece de manera exclusiva al Presidente.
Esa es probablemente la zona que intenta ocupar.
El riesgo para el oficialismo es que una fuerza que nació con una conducción extremadamente vertical tenga dificultades para administrar una interna cuando aparezcan candidaturas competitivas.
Porque mientras todos están de acuerdo sobre quién debe conducir, la centralización parece una virtud.
Cuando aparecen varios que quieren conducir, la misma centralización empieza a parecer un problema.
La discusión por las PASO, entonces, tiene una dimensión que excede ampliamente la ingeniería electoral.
Habla del tipo de partido que quiere construir La Libertad Avanza.
Uno donde las decisiones se tomen desde un núcleo reducido o uno capaz de desarrollar mecanismos internos para resolver diferencias.
Bullrich parece haber elegido su posición.
No está rompiendo.
No está lanzando formalmente una candidatura.
Pero está dejando una puerta abierta.
Y también está avisando que, si algún día decide atravesarla, pretende encontrar una cancha donde las reglas no estén escritas exclusivamente por Karina Milei.
La pelea por las candidaturas de 2027 acaba de empezar mucho antes de que exista una sola boleta. Bullrich sabe que el momento de discutir quién puede competir es también el momento de discutir quién tiene el poder de decidirlo. Y su mensaje a Karina fue claro: esta vez, no piensa aceptar que las listas se armen desde un escritorio.