Más de 2.000 personas participaron de La Noche del Pinot, un encuentro que reunió a seis chefs de la Ruta de la Gastronomía Neuquina con vinos y productos de distintas regiones de la provincia. Trucha, hongos, quesos, chivito, cordero, ciervo y ahumados fueron algunas de las propuestas que buscaron mostrar la diversidad de la cocina neuquina.
Hay lugares que se pueden conocer mirando un mapa.
Y hay otros que se entienden mejor alrededor de una mesa.
La gastronomía neuquina encontró en La Noche del Pinot un escenario para mostrar justamente eso: una provincia diversa, con productos y sabores que cambian según el territorio, pero que pueden reunirse alrededor de una misma copa.
El encuentro convocó a más de 2.000 personas en el Centro de Convenciones Domuyo y tuvo como protagonista al Pinot Noir, una de las variedades emblemáticas de la producción vitivinícola neuquina. Los seis chefs que integran la Ruta de la Gastronomía Neuquina participaron con distintas propuestas elaboradas a partir de productos regionales.
La idea fue sencilla y, al mismo tiempo, bastante poderosa: pensar qué comida puede acompañar mejor a un vino.
Pero las respuestas fueron muy distintas.
El chef Sebastián Caliva eligió la trucha como protagonista, acompañada por vegetales y gremolata. Para Martín Páez, de Villa La Angostura, el camino pasó por los sabores cordilleranos: una tabla de trucha ahumada acompañada con frutas como manzana o pera, buscando combinar la acidez y el dulzor con el carácter ahumado del plato y las características del Pinot Noir.
Otros productos también tuvieron su lugar: hongos, quesos, chivito, cordero, ciervo y diferentes preparaciones ahumadas permitieron recorrer, a través de la comida, buena parte del territorio provincial.
El resultado fue algo más interesante que una simple degustación.
Fue una especie de mapa comestible de Neuquén.
Porque detrás de cada plato hay una región, un productor y una historia. Los productos de la cordillera no son los mismos que los de los valles, y tampoco lo son las tradiciones culinarias que se desarrollaron en cada zona.
La gastronomía puede funcionar, entonces, como una forma de contar el territorio.
El Pinot Noir aportó el hilo conductor.
La variedad ocupa un lugar destacado dentro de la vitivinicultura neuquina y, en los últimos años, los vinos producidos en la provincia ganaron presencia tanto dentro como fuera de la región. La Noche del Pinot buscó consolidar esa identidad y darle al vino un lugar no solamente como producto, sino también como parte de la experiencia turística y cultural de Neuquén.
El encuentro también mostró cómo la gastronomía puede convertirse en una herramienta para promover otros sectores.
Un plato elaborado con trucha necesita productores.
Un menú con hongos, quesos o carnes regionales conecta al restaurante con una cadena mucho más amplia.
Y una botella de vino neuquino puede ser el punto de partida para que alguien quiera conocer la bodega, el paisaje y el lugar donde fue producido.
La mesa termina funcionando como una puerta de entrada al territorio.
En ese sentido, la Ruta de la Gastronomía Neuquina busca justamente reunir a cocineros de distintos puntos de la provincia para poner en valor esa diversidad. Los seis chefs participaron de una misma celebración, pero cada uno llevó consigo una mirada diferente sobre cómo representar a Neuquén a través de la comida.
También hubo un reconocimiento al trabajo detrás de la cultura del vino.
Durante La Noche del Pinot, las sommeliers Ana Grisoni y Daniela Hernández fueron distinguidas como nuevas embajadoras del vino neuquino, una categoría incorporada en 2026 al Sello de Distinción de la Gastronomía Neuquina. El reconocimiento destacó su trayectoria y su tarea de promoción del vino como producto turístico, gastronómico y cultural.
Todo forma parte de una misma apuesta.
Que Neuquén no sea conocido únicamente por sus paisajes o por la potencia de Vaca Muerta, sino también por aquello que produce, cocina y sirve en una mesa.
Porque una provincia también construye identidad a través de sus sabores.
Y cuando esos sabores pueden encontrarse en un mismo evento, aparece una oportunidad para contar una historia más completa: la de una Patagonia que produce, transforma y crea.
La Noche del Pinot terminó siendo eso.
Una celebración del vino, pero también de la diversidad neuquina.
Más de 2.000 personas se acercaron a comprobar que una copa puede ser mucho más que una bebida cuando detrás hay una región entera intentando contar quién es.
Neuquén encontró en el Pinot Noir un punto de encuentro para sus cocineros, sus productores y sus sabores. La verdadera apuesta, ahora, es que esa identidad gastronómica siga creciendo hasta convertirse en otra de las formas en que la provincia puede contarle al mundo de dónde viene.