La producción manufacturera cayó 4,9% interanual y 5% frente a junio, según los datos del Indec citados por El Destape. Doce de las 16 ramas industriales registraron retrocesos, con fuertes bajas en tecnología, maquinaria, textiles y materiales para la construcción.
La industria argentina volvió a mostrar señales de retroceso y cerró julio con una caída interanual del 4,9%, en un nuevo golpe para una actividad que todavía no consigue recuperar un ritmo sostenido. En la comparación mensual, la producción manufacturera se contrajo 5% frente a junio, mientras que el acumulado de los primeros siete meses del año quedó 2,6% por debajo del mismo período anterior.
El dato más significativo aparece al mirar el conjunto de la actividad: de las 16 divisiones que integran el Índice de Producción Industrial manufacturero, 12 terminaron julio con resultados negativos. El retroceso alcanzó a ramas vinculadas tanto con el consumo como con la inversión y la construcción.
Uno de los sectores más golpeados fue el de equipos informáticos, electrónicos y de comunicaciones, cuya producción se desplomó 49,8% interanual. La fabricación de teléfonos celulares y televisores estuvo entre las actividades que explicaron esa caída, en un escenario marcado por una menor demanda interna.
La maquinaria y los equipos tampoco escaparon al derrumbe. El sector cayó 26,7%, mientras que la fabricación de maquinaria agropecuaria retrocedió 46,6% debido a la reducción de las ventas internas de tractores y cosechadoras nacionales. Los electrodomésticos, por su parte, registraron una baja del 20,9%.
El golpe también llegó a las fábricas de indumentaria, textiles y calzado. La producción de prendas de vestir, cuero y calzado bajó 15,9%, con una caída particularmente fuerte del calzado, que retrocedió 26,5%. Los productos textiles tuvieron una disminución del 13%. La combinación de menor consumo y mayor presencia de productos importados aparece como uno de los factores detrás del retroceso.
La construcción también dejó su marca sobre la industria. Los productos minerales no metálicos y vinculados a la actividad constructiva disminuyeron 12,6%. Dentro de ese conjunto, la producción de productos de arcilla y cerámica cayó 41,3%, mientras que el cemento retrocedió 6,9%.
El sector automotor registró una caída del 5,4% interanual. Las exportaciones hacia Brasil aportaron cierto alivio, pero las ventas de vehículos nacionales a los concesionarios del mercado interno se desplomaron 48,8%, una diferencia que expone la distancia entre la producción destinada al exterior y la demanda dentro del país.
Alimentos y bebidas tuvieron un comportamiento algo menos negativo, aunque tampoco lograron escapar de la tendencia general. El sector cayó 0,5%, sostenido en parte por el crecimiento de la molienda de oleaginosas, que avanzó 10,7%. En cambio, la producción de galletitas y productos de panadería bajó 6,2%, mientras que los despachos de vino retrocedieron 13,6%.
En medio de una industria mayormente en retroceso, hubo algunas excepciones. La refinación de petróleo creció 8,1% y la producción vinculada con madera y papel avanzó 7,1%. Son, por ahora, algunos de los pocos sectores que consiguieron moverse en sentido contrario a una caída que volvió a poner en discusión la fortaleza de la recuperación industrial.
El dato de julio deja así una fotografía incómoda para la economía argentina: mientras algunos sectores vinculados a la energía y determinadas exportaciones encuentran margen para crecer, buena parte de la industria orientada al mercado interno continúa enfrentando una demanda debilitada. La caída mensual del 5% muestra que, lejos de consolidarse, la recuperación fabril todavía aparece atravesada por fuertes altibajos.