El precio del Brent superó nuevamente los 100 dólares por barril mientras la nafta en Estados Unidos alcanzó su valor más alto para esta época del año desde 2012, a menos de dos meses de las elecciones legislativas.
El petróleo volvió a cruzar una barrera que Donald Trump preferiría mantener lejos de las urnas. El Brent superó los 100 dólares por barril este miércoles, mientras el WTI, referencia para Estados Unidos, trepó hasta los 96 dólares. La escalada ocurre en medio de una nueva intensificación del conflicto en Medio Oriente y amenaza con trasladarse directamente al bolsillo de los consumidores estadounidenses.
El impacto ya se siente en los surtidores. El galón de nafta regular llegó a un promedio de 4,22 dólares, según la Asociación Americana del Automóvil (AAA), el nivel más alto para esta época del año desde 2012. En comparación con hace un año, cuando costaba 3,19 dólares, el salto resulta especialmente significativo.
La suba se produce cuando falta menos de dos meses para las elecciones de medio término del 3 de noviembre. En esos comicios se renovará toda la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y 36 gobernaciones. Para Trump, el precio de los combustibles puede convertirse en uno de los principales termómetros del humor social y en un problema político para una administración que hizo del costo de vida una de sus banderas.
El origen inmediato de la escalada está en Medio Oriente. El recrudecimiento de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán volvió a generar preocupación sobre el abastecimiento internacional y empujó al alza las cotizaciones. El mercado petrolero, acostumbrado a reaccionar ante cualquier amenaza sobre las rutas de suministro, volvió a incorporar una prima de riesgo que se refleja directamente en el precio del barril.
El diésel también quedó bajo presión y se acercó a los seis dólares por galón. La AAA advirtió que los precios de los combustibles podrían mantenerse elevados al menos hasta diciembre, lo que extendería el problema más allá de la jornada electoral y complicaría todavía más el escenario inflacionario.
Desde el Gobierno estadounidense intentaron transmitir tranquilidad. El secretario de Energía, Chris Wright, aseguró que los combustibles tienen más posibilidades de bajar que de seguir subiendo. Sin embargo, las declaraciones chocaron con la realidad de los surtidores: en apenas una semana, el precio promedio de la nafta pasó de unos 4 a 4,12 dólares por galón.
Trump también apuesta a que el mercado petrolero se calme después de las elecciones. Pero el problema es que la Casa Blanca no controla por completo una variable determinada por guerras, producción, reservas, transporte y decisiones de grandes productores internacionales. Cuando el conflicto se intensifica, las promesas políticas tienen que competir con una realidad que se mueve mucho más rápido.
La tensión también alcanza a otros países y vuelve a poner en primer plano la fragilidad del sistema energético mundial. El Brent llegó a ubicarse cerca de los 98 dólares en las últimas jornadas antes de superar nuevamente los 100, acumulando una fuerte suba semanal. Algunos analistas incluso advirtieron que el barril podría continuar escalando si la situación en Medio Oriente se prolonga.
Para Trump, el desafío es doble. Un petróleo caro puede beneficiar a parte de la industria energética estadounidense, pero al mismo tiempo encarece el transporte, la producción y el consumo cotidiano. Y cuando faltan semanas para una elección, la diferencia entre una recuperación energética y una crisis del costo de vida puede terminar midiéndose en algo mucho más concreto que el precio de un barril: el voto de millones de personas.