Una encuesta de Datafolha ubica al presidente Luiz Inácio Lula da Silva con el 42% de la intención de voto, frente al 38% del senador Flávio Bolsonaro. La diferencia está dentro del margen de error y anticipa una definición electoral abierta, con una segunda vuelta prevista para el 25 de octubre.
Brasil entra en la recta final de su campaña presidencial con una disputa que vuelve a poner frente a frente dos proyectos políticos enfrentados. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva busca la reelección, mientras que el senador Flávio Bolsonaro intenta consolidar el espacio político construido por su padre, el expresidente Jair Bolsonaro. A pocos días de la primera vuelta, las encuestas muestran una competencia concentrada en ambos candidatos y un escenario que todavía no permite establecer una diferencia estadísticamente concluyente.
El último relevamiento de Datafolha, realizado entre el 28 de septiembre y el 1 de octubre sobre 2.506 electores, ubica a Lula con el 42% de las intenciones de voto y a Flávio Bolsonaro con el 38%. Aunque el mandatario aparece cuatro puntos por encima, el margen de error de dos puntos porcentuales obliga a interpretar el resultado con cautela.
La elección está prevista para el domingo 4 de octubre. En el sistema electoral brasileño, un candidato necesita superar el 50% de los votos válidos para imponerse en primera vuelta. Si ninguno alcanza ese umbral, los dos más votados avanzan al balotaje, programado para el 25 de octubre.
La encuesta también muestra un crecimiento de los dos principales postulantes respecto de la medición anterior de Datafolha, publicada el 24 de septiembre. En aquel sondeo, Lula registraba el 40% y Flávio Bolsonaro el 36%. Ambos sumaron dos puntos y conservaron la misma distancia entre sí.
Detrás de los dos candidatos principales, el resto de las opciones aparece bastante más lejos. Augusto Cury, de Avante, alcanza el 4%, mientras que Ronaldo Caiado, del Partido Social Democrático, y Renan Santos, de Missão, reúnen el 3% cada uno. Romeu Zema, Samara Martins y Wilson Grassi registran el 1%.
Además, el 5% de los consultados afirmó que votaría en blanco, anularía su voto o no elegiría a ninguno de los candidatos, mientras que el 2% todavía no definió su decisión.
La posibilidad de una segunda vuelta también fue evaluada por Datafolha. En ese escenario, Lula obtiene el 48% de las intenciones de voto y Flávio Bolsonaro llega al 45%. La diferencia de tres puntos vuelve a quedar dentro del margen de error, por lo que el estudio no permite establecer una ventaja estadísticamente concluyente.
En la medición anterior, Lula registraba el 47% frente al 45% de su rival. El nuevo resultado muestra una mejora de dos puntos para el presidente, mientras que el senador mantiene su porcentaje.
La disputa tiene una dimensión que va más allá de los números. Lula representa la continuidad de un gobierno que busca renovar su mandato, mientras que Flávio Bolsonaro procura mantener vigente el peso electoral del bolsonarismo y convertirlo en una alternativa de poder. La campaña enfrenta así dos identidades políticas que llevan años organizando buena parte de la discusión pública brasileña.
Sin embargo, los sondeos deben leerse como mediciones de un momento determinado, no como resultados anticipados. Las respuestas de los encuestados pueden cambiar y el margen de error impide convertir diferencias pequeñas en certezas. La participación electoral, los votos que finalmente se distribuyan entre las distintas candidaturas y la decisión de quienes todavía no definieron su opción también forman parte del escenario.
Con estos datos, la posibilidad de una segunda vuelta aparece como el escenario planteado por la encuesta, aunque la decisión definitiva corresponde a las urnas. Si se confirma el balotaje, Brasil tendrá otras tres semanas para definir una elección que vuelve a colocar en el centro del debate el rumbo político del país y la continuidad de dos espacios que representan visiones diferentes sobre su futuro.
La última palabra llegará con el recuento de votos. Hasta entonces, los porcentajes describen una competencia ajustada, pero no resuelven quién gobernará Brasil durante el próximo período.