A pedido de Estados Unidos, La Libertad Avanza consiguió dictamen para avanzar con el tratado de patentes

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El oficialismo reunió el respaldo de bloques aliados en el Senado para impulsar la adhesión argentina al Tratado de Cooperación en materia de Patentes. La iniciativa, reclamada por la Embajada estadounidense, abre un debate sobre innovación, soberanía tecnológica y posibles efectos sobre la industria farmacéutica nacional.

La Libertad Avanza consiguió avanzar en el Senado con el Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT), un acuerdo internacional que busca simplificar los trámites para solicitar protección de invenciones en distintos países. El proyecto obtuvo dictamen en las comisiones de Relaciones Exteriores y Culto y de Industria y Comercio, con el respaldo de legisladores aliados, y quedó en condiciones de ser tratado en el recinto.

El avance se produjo en medio de la presión pública de Estados Unidos para que la Argentina concrete su adhesión. La iniciativa forma parte de los compromisos vinculados con el acercamiento comercial entre ambos países y vuelve a poner sobre la mesa una discusión que lleva décadas sin resolverse en el Congreso.

El tratado fue firmado en 1970 y obtuvo aprobación inicial del Senado argentino en 1998, pero el proceso legislativo permaneció inconcluso durante años. En agosto de 2026, la Cámara de Diputados aprobó el proyecto con modificaciones que obligaron a devolverlo a la Cámara alta para una nueva revisión.

Desde el oficialismo defienden la incorporación al sistema internacional como una herramienta para facilitar la protección de las invenciones argentinas y reducir las dificultades administrativas que enfrentan investigadores, universidades y empresas cuando buscan registrar sus desarrollos en el exterior. La presidenta del bloque libertario en el Senado, Patricia Bullrich, sostuvo que el acuerdo no establece una patente mundial ni elimina la potestad argentina de decidir qué invenciones pueden recibir protección de acuerdo con la legislación nacional.

El mecanismo permite presentar una solicitud internacional única que facilita la tramitación inicial en distintos países adheridos. También contempla procedimientos de búsqueda de antecedentes técnicos y evaluaciones preliminares que ayudan a determinar si una invención reúne condiciones para ser patentada. La concesión definitiva, sin embargo, continúa dependiendo de las autoridades competentes de cada jurisdicción.

La discusión se concentra en las consecuencias que ese sistema podría tener sobre la capacidad regulatoria del Estado y, especialmente, sobre la industria farmacéutica nacional. Distintos sectores empresariales y especialistas advirtieron sobre los riesgos de que los procedimientos internacionales terminen favoreciendo a grandes compañías extranjeras frente a laboratorios locales con menor capacidad económica para afrontar disputas y procesos de patentamiento.

Una de las principales preocupaciones está relacionada con la posibilidad de que modificaciones menores en medicamentos ya existentes sean utilizadas para intentar prolongar monopolios comerciales. Esta práctica, conocida como evergreening, es cuestionada por quienes consideran que puede obstaculizar la competencia sin aportar necesariamente avances terapéuticos relevantes.

También existen reparos sobre el peso que podrían adquirir los informes elaborados por organismos internacionales u oficinas de patentes extranjeras en las decisiones locales. Aunque esos análisis no sustituyen formalmente la legislación argentina, los críticos plantean que podrían influir en los criterios técnicos y aumentar la presión sobre el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial.

El oficialismo sostiene que la adhesión puede mejorar las condiciones para que los desarrollos científicos argentinos lleguen a otros mercados y obtengan protección jurídica. Desde esa perspectiva, el sistema permitiría reducir costos de presentación y facilitar el acceso de investigadores y empresas a procedimientos internacionales que hoy requieren gestiones separadas.

La objeción planteada por sectores de la oposición apunta a la necesidad de evaluar quiénes estarían en mejores condiciones de aprovechar esas ventajas. El senador justicialista Jorge Capitanich advirtió que una integración de este tipo debe analizarse en función de sus consecuencias para la autonomía tecnológica y productiva del país. El interrogante, desde esa posición, es si el nuevo marco fortalece las capacidades nacionales o incrementa la dependencia de sistemas y actores externos.

El debate tiene una dimensión particular en el sector farmacéutico, donde la propiedad intelectual se relaciona directamente con la competencia, los precios y el acceso a los tratamientos. Los laboratorios nacionales temen que determinadas reglas puedan ampliar las ventajas de las multinacionales, mientras que los defensores del tratado sostienen que una protección más previsible puede incentivar inversiones y nuevos desarrollos.

La controversia también se inscribe en el vínculo económico entre la administración de Javier Milei y el Gobierno estadounidense. La insistencia de Washington en la aprobación del acuerdo convirtió una discusión técnica sobre propiedad intelectual en un asunto de política exterior, con implicancias para la estrategia comercial argentina.

Con el dictamen obtenido, el oficialismo buscará llevar la iniciativa al recinto del Senado. La decisión final deberá considerar tanto los beneficios administrativos que ofrece el mecanismo internacional como las advertencias sobre sus posibles efectos en la producción local, la investigación científica y el acceso a medicamentos.

La cuestión de fondo excede la adhesión a un tratado: consiste en determinar qué reglas pueden ayudar a que la innovación argentina compita en el mundo sin debilitar las herramientas públicas necesarias para sostener el desarrollo tecnológico y productivo. El desafío será establecer si los beneficios prometidos pueden traducirse en oportunidades concretas para el país y qué resguardos resultan necesarios para evitar que los costos recaigan sobre los sectores con menor capacidad de negociación.